7.3.10

Románico para gambiteros

[La de Ávila es una catedral fortaleza, está integrada en la muralla.
Y es la primera catedral gótica de España, se comenzó en el s.XI]

Tras infinitas negociaciones, retrasos, cambios de agenda y correos, por fin conseguimos llevar a cabo la quedada que teníamos en mente desde noviembre. No fue Sigüenza - aunque no he desechado el plan completamente - sino Ávila, que está mucho más cerca, pero resultó igual de fría en este enésimo fin de semana de frente polar. Tampoco me quejo, pude sacar fotos de la Sierra madrileña blanca y gélida, e incluso nos cayó una nevada de verdad mientras estábamos de cervezas por el centro abulense. Algo está cambiando en este país si ya podemos pasear sin inmutarnos mientras los copos nos caen encima.

[Comparada con otras catedrales ésta es bastante sombría, y me recuerda a las iglesias rurales inglesas. Nada de dobles campanarios esbeltos y piedras doradas]

La quedada se había planteado como una visita gastronómica, así que no pude ver la catedral por dentro, y ya van dos veces. Una pregunta quedó en el aire: ¿a qué va la gente a Ávila, si somos tantos los que hemos estado y muy pocos los que hemos entrado en la catedral? En nuestro caso fue fácil: en busca de tapeo y chuletones. La primera fase la solventamos en dos sitios recomendados y recomendables: el Bar Gredos (c/Comuneros de Castilla 4), que es la típica tasca con ajos y pimientos colgando del techo, pero con su correspondiente tapa por consumición. Yo probé las patatas meneás y el jabalí, ambas muy buenas.

La siguiente parada fue La Albardería. Esta antigua casa es parte de la muralla, y aún conserva sobre la puerta (o tal vez sea nuevo, no he podido contrastarlo) una imagen de San Martín partiendo la capa. Allí nos dieron un arroz caldoso bastante bueno, más unas rodajas de chorizo ahumado para chuparse los dedos. Pero el plato fuerte es la carne, cuaresma o no, y para eso tomamos la antigua carretera Ávila-Toledo en busca de El Rancho (y digo en busca porque no es fácil de encontrar, hay que coger una vía de servicio camino del santuario de Sonsoles). Después de un interesante tour por carreteras nevadas y barridas por el viento pudimos dedicarnos al chuletón. El sitio no es especial, pero la carne era buenísima y a precio razonable.

[Patio cubierto del Hotel Palacio de los Velada]

Como había poco más que hacer por los alrededores, después de la comida volvimos al centro de la ciudad para tomar un café antes de la vuelta. Y de nuevo, los consejos del nativo que nos ha asesorado (gracias Óscar) fueron un acierto: terminamos sentados en la cafetería del Hotel Palacio de los Velada, que podéis ver en la foto. Aunque los precios no son populares, nos relajamos bastante mientras escuchábamos de fondo al pianista. Allí estábamos: sorbiendo café y bromeando sobre embarazos y bodas y trabajo, en el mismo lugar en el que Carlos I y Felipe II descansaron alguna vez.

Releída me parece que esta entrada se ha convertido en una especie de redacción de 6º de EGB, y no estoy muy satisfecha con el resultado. Pero ya lo revisaré en otro momento. Enough.

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