3.8.08

Dulces árboles sombrosos

[Dos páginas del texto impreso en Sevilla (1502, Jacobo Cromberger) y conservado en la Biblioteca Nacional de Argentina]

Anoche estuve buscando entre mis libros escenas de amores en el balcón. Tengo la idea de que está entre los topoi occidentales porque me vienen a la mente unos cuantos ejemplos. Sin embargo no he conseguido recordar ninguna novela relativamente moderna al respecto. Desechado Shakespeare (lo dejo en barbecho un tiempo, no se puede usar a William para comentar todo, y menos este caso, que podría haber sido incluso su fuente de inspiración) me acordé de un libro mucho más cercano, y que seguramente casa mejor con lo que sé del mundo. Al fin de al cabo soy casi castellana. Incluso una teoría familiar afirma que en algún punto venimos de judíos conversos (de ahí estas narices y estos genios).

Conversos eran Fernando de Rojas y la familia de Melibea. Creo que aún se discute si el burgo en el que transcurre la acción es Talavera de la Reina o Salamanca, pero lo importante es la torre con jardín. Cuando estuve en Italia no saqué foto de la Torre Guinigi de Lucca, pero nada más verla me hizo pensar en La Celestina, aunque por altura sea imposible. He visto pueblos conservados tal cual eran en el medievo y no queda demasiado espacio para parques y jardines dentro del recinto amurallado (además, eso del parque implica el concepto de ocio y placer, que tal vez algunos compartieran en la edad media, pero siempre de puertas para dentro), los únicos retazos de bosque dentro de la ciudad estaban recluidos en patios y terrazas resguardadas.

Las cosas no han cambiado tanto desde 1499 (ni siquiera si pensamos en Le Roman de la Rose). Los dominadores de la naturaleza tratan de tenerla sujeta metiendo gatos y peces en sus casas, sin darse cuenta que ellos son sus prisioneros por necesidad. A la luz de las estrellas, con la brisa soplando entre las ramas, luces de cada ventana y farola recortadas por el follaje protector... durante unos segundos se está en un edén que nunca existió. Más abajo, en las aceras, palpita la ciudad con sus ruidos habituales. Se enciende una luz enfrente y se disipa la ilusión.

Calixto y Melibea mucho piensan y lamentan antes y después de sus encuentros. Pero cuando están juntos, escondidos en el pensil, logran concentrarse. Si la torre se erige para proyectar una imagen, si es fachada, entonces el jardín es el último reducto de la selva interior. Ya no son sólo metáfora de hombre y mujer.

Todo se goza este huerto con tu venida. Mira la luna quán clara se nos muestra, mira las nuues cómo huyen. Oye la corriente agua desta fontezica., ¡quánto más suaue murmurio su río lleua por entre las frescas yeruas! Escucha los altos cipreses, ¡cómo se dan paz unos ramos con otros por intercessión de vn templadico viento que los menea! Mira sus quietas sombras, ¡quán escuras están e aparejadas para encobrir nuestro deleyte!

["La Celestina." Wikisource, La Biblioteca Libre. 17 sep 2006, 01:35 UTC. 3 ago 2008, 15:59 <http://es.wikisource.org/w/index.php?title=La_Celestina&oldid=57390>.Aucto decimonono]

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