29.10.09

Salamanca desde el cielo

[Ya desde arriba, tejado de la catedral nueva y Torre del gallo]

El fin de semana pasado estuve en Salamanca de visita y entre otras cosas subí a los tejados de la catedral. Es una exposición llamada Ieronimus (más info en el enlace), y aparte de explicar los orígenes, partes e historia de estas dos catedrales que son una, permite ver la ciudad desde la alturas. Este año me he sumergido en una especie de vuelta a las raices, y casi como una peregrina he visitado los baluartes castellanos clave: León, Burgos, Salamanca. Las catedrales son vórtices de poderes extraños, concentran lo sublime y lo cenagoso, imágenes sagradas en las hornacinas y monstruos lascivos en los capiteles, la humildad de los últimos bancos y los confesionarios y la soberbia de los campanarios. Hace casi un año estuve en la de Oviedo y pude imaginar al magistral oteando el horizonte tal y como lo describió Clarín. Desde los tejados de la catedral de la fortis salmantica yo misma vi el río de hormigas que circulaba a mis pies allí abajo y me sentí volar, llena de poder, invencible.

[El Campanario desde la Torre del Gallo]

Echando un vistazo hoy a las fotos de este fin de semana y de otros viajes me ha apetecido escuchar la banda sonora de Gladiator (yo lo achaco al lejano parentesco que la película tiene con El Cid de Heston y Loren) y la música me ha hecho pensar en el trabajo y las emociones encontradas que me provoca estos días. Estoy aprendiendo muchas cosas pero sufro una creciente parálisis de voluntad: cuanto más sé, más misteriosas e inexpugnables parecen volverse las cosas. Miro atrás y los acontecimientos se presentan como una cadena de errores que me ha situado en la posición perfecta para cometer más aún. Miro hacia arriba y las mismas torres que me provocaban euforia ayer curvan su sombra amenazadora para aplastarme hoy. La grandeza y debilidad de estas obras del esfuerzo colectivo son comunes a las de cualquier otra empresa. Incluso comunes a las de mi empresa.

[Palacio episcopal, edifio de la Universidad y Capilla de la universidad]

Hoy he tenido un día lleno de altibajos de ánimo, hago alguna cosa bien, muchas mal, las más regular. Son tantas la variables que escapan a mi control que a veces no sé si saldría más a cuenta dejarme caer y dejar que me engulla el remolino de desánimo en el que todo parece precipitarse últimamente. He cambiado de puesto y me he centrado en mis nuevas cuestiones, me he intentado olvidar y aislar del puesto anterior. Pero ahora que voy más por la oficina todo parece reprocharme que he dejado aquello abandonado. Y tal vez sea verdad, ¿hasta qué punto soy yo responsable del estado actual de las cosas? Quiero seguir luchando para que lo que estamos levantando siga desafiando a los cielos con sus agujas, pero al mismo tiempo estoy tan sumamente cansada que apenas me quedan fuerzas. Escucho esta música y quiero creer que este autoinducido engaño puede seguir tirando hacia adelante.

[Y Salamanca a mis pies, o más bien al revés]

Pero ¿cuánto se tarda en construir una catedral? ¿Acaso finalizan alguna vez estos trabajos? ¿Y cuantas vidas de obreros anónimos quedan emparedadas en el camino para eterna gloria de un de los arquitectos? Todos somos indistinguibles en el río de hormigas. So many. I never thought there were so many.

[Catedral vieja por dentro. Parece arder, pero es sólo mala fotografía]

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