25.3.12

Primavera chamberilera

[Las flores amarillas de mi margarita del Cabo (Osteospermum ecklonis) están radiantes]

Todas las estaciones son bonitas en Chamberí, pero los días deliciosos de sol y brisa comienzan precisamente ahora. Los arriates de las terrazas vecinas empiezan a llenarse de flores rosadas, las yemas adormecidas de los árboles de la calle revientan y se despliegan hojas minúsculas de un verde rabioso, fresca clorofila que comienza a circular de nuevo por los viejos vasos de los castaños. Vuelven las tórtolas con su arrullo, la gente se tira a la calle y copa las terrazas mostrando sus brazos y piernas desnudos. Sí, nos resistimos a morir. Cualquier de mis vecinas ancianas te lo podrá decir, estar vivo es lo que importa y la vida se abre paso pese al polvo acumulado por la sequía y la crisis. Hemos resistido.

Me estoy dejando llevar por este sentimiendo de barrio en ebullición. Este año no he plantado nada porque en unos días me cambio de piso, pero ahora que estoy recogiendo mis bártulos para la mudanza y he hecho limpieza en la terraza, vuelvo a tener ganas de hacer toda la vida fuera. Leer mientra tomo el sol, regar, cenar mientras anochece, o escribir entradas como ésta al aire libre, mientras por encima del toldo vuelan las golondrinas antes de recogerse para pasar la noche. Las gatas no saben que nos vamos, pero como si lo adivinaran aprovechan cada rectángulo de sol recortado en el suelo para dormir con rítmicos ronroneos de felicidad. Si mi cuerpo está feliz también tendré que dejarle hacer pese a lo que mi cerebro pesimista ladre. Tengo una boda en un mes y voy a ir de coral/naranja/rosado, el azul está descartado. Pero voy a echar esto de menos.


[La grisita está disfrutando de sus últimos días de libertad en la terraza]

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