| Noche en Cristóbal Bordiú, un lunes cualquiera del pasado |
10.1.14
Luces perdidas
24.3.13
Si no estrenas algo...
24.2.13
Bola de nieve
Esta semana he estado cuatro días en Alemania por trabajo, y me ha sorprendido volver a encontrarme con la nieve perpetua. Nieve en los andenes, en los tejados, en las ramas de los árboles. Nieve en el pelo mientras arrastraba quince kilos de maleta hacia el hotel. Nieve en el abrigo y la ropa después de hacer un "ángel en la nieve": lanzarte de espaldas sobre una cuneta nevada y agitar los brazos.
Hace poco escribía sobre estos viajes. Nos dejan volar fuera de casa, pero para trabajar en oficinas iguales que las nuestras. No hay diferencia, ni tiempo para aprender nada del lugar. Tenemos la oportunidad de abrir puertas laterales de este pasillo al que llamamos vida, pero sólo nos da tiempo a asomarnos, nada más. Además tiene un precio.
Es lo que hay. Hay que aprovechar todo lo que viene, vivirlo mientras dura y estar preparado para cuando alguien le pegue un tirón a la alfombra bajo nuestros pies.
26.1.13
"Vertel me wie ik ben"
The Bourne Identity no es la primera película que viene la mente cuando se trata de buscar una en la que la química de la pareja protagonista sea especial. No la había visto entera hasta anoche, pero ya la tenía en mente por una escena que hace años vi haciendo zapping casual y me impactó. Matt Damon está enjuagando el pelo de Franka Potente después de habérselo teñido de oscuro. Un pobre chorro de agua sale del grifo pasado de moda mientras él va quitándole los restos de espuma de la melena mojada en la bañera, que también es antigua y obliga a Marie a estar arrodillada en el suelo. Cuando termina de lavarle la cabeza, Jason le seca un poco el pelo y empieza a cortárselo de la manera más torpe, sin peinarlo siquiera; simplemente se hace con un mechón grueso y mete la tijera, que se atraganta con tal cantidad y va cortando con dificultad. Parece que va a hacerle un desastre en la cabeza, pero poco a poco va dándole forma; el color oscuro hace más duras la facciones de Marie, pero también da profundidad a sus ojos castaños, en los que se puede leer lo que está pensando, sintiendo. No se pronuncia ni una palabra, sólo se escucha el murmullo del agua, del tintinear de la tijera, el de las hebras de cabello desgarrándose en cada trasquilón. No son más que un par de minutos, pero hacen que el espectador, petrificado en el sofá, pierda el aliento y apriete los nudillos ante lo que se desarrolla y lo que anticipa.
Es una película de acción, me dicen. Pero los momentos cumbre transcurren a un ritmo similar: el tiempo se hace denso, se alarga telescópicamente de manera que los sentidos se expanden y podría escuchar el ruido de un alfiler al caer en la habitación. Ocurre así cuando Jason aparca el Mini Rojo de Marie frente a la Gare du Nord. Acaban de escapar de su piso, y él le pide que espere en el coche mientras deja el dinero y los pasaportes en un lugar seguro; las taquillas de la estación garantizan el anonimato. Se aleja caminando con la bolsa roja al hombro, y a través de la luna salpicada de gotas de lluvia vemos como se va perdiendo en la multitud conforme se acerca a la entrada. La Gare du Nord tiene la fachada decimonónica clásica con vidrieras en forma de U invertida (como Atocha), pero es bastante más grande, un hangar gigantesco con varias naves, estatuas y columnas de piedra que mira a Marie (que apenas se atreve a moverse de su asiento) desde ese ojo sin párpados ni piedad que es el reloj. Marie ha seguido a Jason con al mirada, pero las llaves, que aún se balancean dentro del contacto, llaman su atención. Jason. Llaves. Jason. Abre el bolso y contempla el fajo de dólares que él le ha dado.
Jason está dentro, en medio del bullicio de pasajeros y anuncios. Trata de localizar la consigna pero no llega a verla, las letras en constante rotación del panel de Salidas se cruzan en su camino: Lille, Londres, Bruselas, Ámsterdam... cualquiera puede ser un destino de huida en este momento, durante unos segundos parece absorto en la elección. Pero la siguiente escena es la de la bolsa roja precipitándose al fondo de la taquilla; ha decidido quedarse y avanza decidido hacia el coche. Por eso parece tan perdido cuando se acerca para descubrir que está vacío, Marie no está tampoco en los alrededores. Tiene que decidir por segunda vez si escapa, si espera... No le da tiempo; ella ya está caminando hacia el Mini con una botellita de licor en la mano. No esperaba volver a verlo. Pero allí están los dos desconocidos, mirando de nuevo al contacto, constante punto de inflexión de esta historia. Ser extraños es el más potente de los vínculos que pueden producirse entre dos personas, al menos durante los momentos de deslumbramiento que suceden el encuentro. Con el tiempo y la costumbre se pierde la fuerza, los motivos se desdibujan. Pero ese fogonazo, esa revelación que se tiene al descubrir en el otro algo de ti que te une a él... Merece la pena vivir y equivocarse por ese momento.
20.1.13
La única medicina
Vaya sábado ocioso, estar en casa escribiendo a la una de la mañana mientras escucho Teenage Fanclub (después de 15 años sin poner Songs from Northern Britain aún puedo cantar todas las canciones y siguen pareciendo frescas) no es sino la culminación. Ha llovido toda la noche y todo el día, el viento ha batido las persianas y ha silbado al pasar por las ventanas mal cerradas. Viento es a desazón lo que lluvia a melancolía, y cuando amanece así lo primero que viene a mi mente al abrir los ojos son otros sábados de invierno y tormenta. Al salir de casa de mis padres esta tarde sólo me apetecía comprarme un libro. Un libro arregla las cosas, a veces, si consigo sacar el tiempo. Y comics es casi lo único que compro de un tiempo a esta parte, porque no me matan de aburrimiento - son ficción, pero las palabras están por fin administradas con criterio: las imágenes les roban el espacio y la elocuencia. Sobran explicaciones.
[Jo, qué bueno es este disco, desde "Start again" a "Speed of light". Ahora entiendo por qué pasé un curso entero (3º de carrera, creo) escuchándolo en el zulo de la calle Juan de Austria en el que vivía mi amiga M. Y menos mal, porque vaya año de depresión fue aquel.]
Comics, decía. Hoy me he decidido por El Vecino I y II, de Santiago García y Pepo Pérez. Del primero sé muy poco o nada, pero a Pepo lo sigo bastante por su blog (que puedes consultar en la columna de sitios que sigo, a la derecha). A ver cómo resulta, tengo una curiosidad tremenda. Incluso buen humor, estos malditos escoceses que suenan por segunda vez deben ser los culpables.
1.11.12
Leaving home
15.10.12
My heart's on fire
Hace una semana, en lugar de tener pesadillas sobre el trabajo (suele tratarse de que me toca echar a alguien o me están echando a mí), tuve uno de esos sueños adolescentes en los que aquello que deseas, que realmente deseas, tiene lugar. Nooo, nada de sueños sucios y lúbricos (que de todos modos tampoco recuerdo haber tenido de adolescente), fue uno de esos sueños decentes en los que se viven aventuras, de los que te levantas pensando que el mundo está a tus pies y todo es posible. Cuando era más joven (ejem... todavía lo soy un poco) soñaba muchísimo y casi siempre me acordaba. Hasta me enamoraba en sueños, de repente me despertaba por la mañana y el ese tipo dos cursos mayor que yo me parecía un dios, cuando hasta entonces ni me había fijado en él - y tampoco era mayor problema, pues él nunca se fijaba en mí. Anyway...
Estoy tan emocionada con mis metas a corto plazo, esas que van tirando de mí en este cenagal de país, que el domingo pasado soñé que viaja a Akron (Ohio) y conocía a The Black Keys. No sé cómo ni porqué terminaba en la ciudad del caucho (Goodrich, Goodyear y Firestone se fabricaban allí), en un bar propiedad de estos dos. Era un antro de mala muerte, casi un bar de carretera, parecido al que aparece en el vídeo de Little Black Submarines. Pero allí al fondo, en un escenario que no era más que una tarima, estaban tocando Strange desire. Y de pronto, el foco apuntó a Dan. De los más recónditos surcos de mi cerebro, como una divina intuición o revelación, o quizás del plexo solar, como una pulsión animal, surgió una llama metafórica. Rendición total. Flojera de rodillas, tartamudeo y afasia, respiración entrecortada, mejillas ardiendo, ojos brillantes... sí, todos los síntomas se manifestaron a la vez en mi persona cuando al terminar la actuación vino a hablar conmigo y lo único que fui capaz de articular fue un estúpido "tengo entradas para veros en Madrid el 28 de noviembre). Gracioso, hasta en el sueño me daba cuenta de lo estúpido que sonaba decir eso.
En fin. He pasado la semana en una especie de trance, pese a que acabo de sacar mis entradas para el concierto de Wilco y el viernes corrí 8,5 kms. Es decir, he logrado un par de metas volantes y casi no me he dado cuenta porque sigo recordando una conversación soñada con el capitán del equipo de soccer malote, un rubiales con ojos verdosos y moteados que sólo piensa en tocar blues con su guitarra y fumar hierba.
Noticias frescas: sigo estando loca, la edad no ha mitigado mi peor defecto de serie, el entusiasmo.
11.9.12
Septiembre
Desde hace años, cuando llega esta época, siento, al iniciarse la noche, una envidia secreta de las personas que no sé muy bien adónde van, de la pareja que se pierde en la oscuridad de una calle, de las vagas personas que toman el tren de la noche, de los que veo entrar en una casa que no es la suya, después de haberse asegurado de que no han sido seguidos por nadie, echando una mirada arriba y abajo de la calle...
6.8.12
Kanagawa oki nami ura
El don de la ubicuidad se echa a veces de menos. Porque si lo tuviera, en lugar de subir una insulsa foto en la que un mar en calma se funde casi con el cielo, colgaría una foto de mí misma, traje de neopreno corto y negro, esperando la ola perfecta de espaldas y a contraluz. No es fácil ser observador y objeto al mismo tiempo. Pero de vez en cuando hay que elegir dónde se está: al margen con una cámara, o en el centro de la vida real, tiritando.
Este año he usado la semana de vacaciones (he tenido dos, pero la que he pasado en familia no cuenta porque me ha exigido más energía mental de la habitual, así que relax cero) para hacer cosas nuevas, y no para sacar fotos, leer o escribir lo que me gustaría estar haciendo. O al menos lo he intentado, porque no he conseguido hacer el popup (usar la fuerza de la ola para saltar sobre la tabla y surfear de verdad). Los pasos que había aprendido de mi monitor estaban claros en mi cabeza, pero la ansiedad de querer hacerlo todo y bien a la primera, o mi misma viejunez no me han dejado pasar del body surf esta vez. No importa. He encontrado otro deporte al que podría aficionarme y dedicar horas.
Pocos entornos me gustan más que el mar, pocos permiten sumergirse en el paisaje en todos los sentidos. Perderse en todos los tonos de azul, verde, blanco y gris imaginables, luchar contra sus corrientes o abandonarse al blando mecer de las olas, dejar que la brisa salada entre suavemente en los pulmones o que nos abofetee furiosa la tormenta. Tiene un ritmo al que es posible ajustar el movimiento cuando uno navega, nada, o simplemente espera la siguiente ola sentado sobre un pedazo ahusado de poliuretano.
Casi nada puede sustituir esa experiencia, muy pocas imágenes consiguen capturarla. Aunque he encontrado una de Melanie McDonald que se acerca bastante. Se llama Surfers, Fistral Beach, Newquay.
22.7.12
Auster por vacaciones
After that inadvertent slip of tongue, I finally hit upon an idea that Rachel would have approve of. It wasn't much of an idea, perhaps, but at least it was something, and if I stuck to it as rigorously and faithfully as I intended to, then I would have my project, the little hobbyhorse I'd been looking for to carry me away from the indolence of my soporific routine. Humble as the project was, I decided to give it a grandiose, somewhat pompous title - in order to delude myself into thinking that I was engaged in important work. I called it The Book of Human Folly, and in it I was planning to set down in the simplest, clearest language possible an account of every blunder, every pratfall, every embarrassment, every idiocy, every foible, and every inane act I had committed during my long and checkered career as a man. When I couldn't think of stories to tell about myself, I would write down things that had happened to people I knew, and when that source ran dry as well, I would take on historical events, recording the follies of my fellow beings down through the ages, beginning with the vanished civilizations of the ancient world and pushing on to the first months of the twenty-first century. If nothing else, I thought it might be good for a few laughs. I had no desire to bare my soul or indulge in gloomy introspection.The tone would be light and farcical throughout, and my only purpose was to keep myself entertained while using up as many hours of the day as I could.
[Paul AUSTER (2011) The Brooklyn Follies. London: Faber and faber. Pg. 5]
Siempre me sorprende descubrir que las mismas ideas pueden surgir en varios sitios más o menos a la vez, brotando como esporas diseminadas a lo largo y ancho del mundo. Por suerte no había empezado a trabajar en mi obra soñada, a la que ya había puesto incluso título (yo soy mucho más pomposa que Nathan Glass, y pensaba llamarla An Encyclopedia of Human Idiocy). El libro, una vez escrito, habría sido un monumento a mí misma, the walking, portable version. En fin, estoy muy contenta de que Auster se haya adelantado en esta ocasión, porque el suyo es un libro fácil y agradable de leer, que me ha hecho pensar en Dickens, curiosamente. No es que sea una novela ligera, porque como casi todo lo que he leído de este escritor me ha hecho plantearme mi situación en el mundo; cuando escribo fácil y agradable es en comparación con The Book of Illusions, que me costó mucho por su densidad (los primeros capítulos, con sus detalles sobre películas mudas se hacen cuesta arriba) y su complejidad emocional.
Todo, o casi todo sale bien gracias a la pequeña comunidad que tío y sobrino logran reunir a su alrededor: con dinero y buena voluntad parece posible escapar de casi cualquier atolladero. Como Samuel Weller y Pickwick en sus incursiones campestres, que a su vez son una versión anglo de Don Quijote y Sancho, Tom y Nathan se embarcan en la misión de construir un mundo ideal, el Hotel Existence, una especie de comuna para refugiados de la cultura norteamericana en la estela del experimento que Thoreau ya había llevado a cabo en en Walden (y otros escritores existencialistas del XIX habían ensayado en Concord). Nathan es un viejo judío cargado de humor e ingenio, que casi suena en la cabeza como un alter ego de Woody Allen en sus aventuras neoyorkinas. A lo mejor es que los europeos somos muy fatalistas, pero estos personajes americanos parecen ser capaces de reinventarse con chasquear los dedos simplemente, hacen que enmendar las carreras, los corazones y las haciendas parezcan tareas sencillas. Ya habíamos visto algo así en Smoke (1995).
O será que todo es posible en Nueva York, una ciudad en la que mundo se ordena justo antes de desordenarse de nuevo de manera brutal al final de la novela (y no lo vi venir, por lo que he disfrutado aún más el desenlace, por más que deje un sabor agridulce en los labios). Ese mismo poso de incertidumbre me trajo imágenes de finales dickensianos, en los que de manera casi abrupta el escritor nos enfrenta a etapas completamente nuevas en las que ya no vamos a acompañar a estos personajes: su desarrollo sólo podemos adivinarlo, imaginarlo por lo que ya hemos vivido con ellos. Así ocurre en A Tale of Two Cities, o Great Expectations, donde nada se cierra de manera definitiva happily ever after y los nuevos tiempos traen nuevos retos. Nosotros ya no estaremos con Glass y Wood para vivirlos, son libres para seguir su camino con sus propios recursos, sin la tutela del lector.
27.12.11
Y hablando de correr...
..aquí es donde vengo yo cuando tengo tiempo y ganas, aunque correr es posiblemente una de las cosas que menos me gusta hacer como deporte. Las pistas del Canal (oficialmente conocidas como Centro de Ocio y Deporte del tercer depósito del canal de Isabel II) son famosas por su campo de golf sobre todo. Pero es un parque amplísimo al que muchos chamberileros y monclovitas (los colegios mayores de Islas Filipinas están muy cerca) van a entrenar al atardecer. Y pese al odio que profesé durante toda mi adolescencia a cualquier ejercicio físico a veces me descubro feliz entre los corredores. Endorfinas. Malditas endorfinas embaucadoras...
15.12.11
Vuelve The Cool Outlet!

27.9.11
99 años de Lamarca Hermanos
Desde que me he hecho chamberilera he perdido la pista al barrio de Justicia, que ha sido el mío durante 13 años. Ahora por fin parece que, a pesar de la crisis, vuelven a restaurar algunos edificios - que dicho sea de paso, jamás he visto limpios en mi vida. Justicia debió ser en tiempos señorial, pero los 70 y 80 los vivió a tope: a pocos metros de aquí estaba el famoso Kwai, bar canalla regentado por un asturiano con pinta de dinamitero loco que sólo servía ron y whisky DyC. Sólo hay que echarle un vistazo al vídeo original de "Menea el bullarengue", el vejete de la derecha era el barman, y sólo se retiró cuando muy mayor se rompió la cadera.
En fin, las capas de pintura están sacando a la luz un Madrid más fotografiable y presuntuoso. El antiguo edificio de Lamarca Hermanos, fabricantes de carruajes desde 1902, ha pasado décadas bajo una capa de mugre y pintura desconchada, y ahora ya no pasan borrachos desarrapados por delante, si no los niños bien que han hecho de Lo Siguiente un nuevo sitio de moda. Aquí podéis ver mejor la transformación. Me pregunto si estas cosas pasan porque el edificio está en la zona de influencia de la SGAE y el nuevo domicilio de Alberto Ruiz Gallardón.
25.9.11
Indian summer
[Después del veranillo de San Miguel, acaban los días buenos]
It's the great god bird with its altar call
And the sewing machine, the industrial god
On the great bayou where they saw it fall
It's the great god bird down in Arkansas
And the hunters beware, o'er the fisher's fowl
And paradise might close from its safe flight flawed
It's the great god bird through it all
And the watchers beware, lest they see it foal
And paradise might laugh when at last it falls
And the sewing machine, the industrial god
It's the great god bird with its altar call
Yes, it's the great god bird with its altar call
Yes, it's the great god bird through it all
[Sufjan Steven, Great God Bird]
[Esto no es Arkansas, es el Far West cacereño. Y se podría haber filmado algo parecido.]
13.7.11
Lady Sparta
Back at the hotel, watching her loosen, then comb out
her russet hair in front of the window, she deep in private thought,
her eyes somewhere else, I am reminded for some reason of those
Lacedaemonians Herodotus wrote about, whose duty
it was to hold the Gates against the Persian army. And who
did. For four days. First, though, under the disbelieving
eyes of Xerxes himself, the Greek soldiers sprawled as if
uncaring, outside their timber-hewn walls, arms stacked,
combing and combing their long hair, as if it were
simply another day in an otherwise unremarkable campaign.
When Xerxes demanded to know what such display signified,
he was told, When these men are about to leave their lives
they first make their heads beautiful.
She lays down her bone-handle comb and moves closer
to the window and the mean afternoon light. Something, some
creaking movement from below, has caught her
attention. A look, and it lets her go.
[Raymond CARVER 1989 "Thermopylae"]
19.6.11
Feria del libro nuevo y de promoción
[Cartel de Hellboy, de la exposición de comics del Ayuntamiento][Y aquí estoy posando languidamente despeinada frente al Palacio de Cristal del Retiro]

16.5.11
San Isidro, El Retiro
Ayer estuve dando un paseo por El Retiro y saqué bastantes fotos. Al verlas no he podido evitar pensar en un par de canciones y en muchos momentos. Cómo me gusta este parque con sol, con lluvia, lleno de gente, completamente vacío, cuajado de flores, cuando se caen las hojas... Podría poner mil fotos de mil rincones, pero hoy la estatua del Ángel Caído y el estanque son lo que necesito.
Cuando vengas a Madrid, chulona mía
voy a hacerte emperatriz de Lavapies;
y alfombrarte con claveles la Gran Vía,
y a bañarte con vinillo de Jerez.
1.5.11
Post scriptum
Aún me sorprende la cantidad de gente que no ha conocido el edificio de Correos en su función original: desde 1995 he echado no pocas cartas al correo en las bocas inmensas de buzones que iban a provincias, a la capital, al extranjero... Un tiempo pasado que ya no va a volver, ya que el tiempo de las cartas manuscritas ha pasado a mejor vida. Requiescat in pace.
Ahora han convertido ese edificio en algo completamente diferente, y aunque me ha gustado mucho el pulido que le han dado, muy poco se conserva del capital de líneas y frases, dichos, cuartillas, sobres con sellos pegados a lametones, postales escritas con boli Bic, historias que han circulado de saco en saco, de bolsa en bolsa, de mano en mano durante años en este país. Bueno, ahora tenemos este espacio ciudadano tan cívico y europeo que podéis ver en las fotos, un lugar que no hay que dejar de visitar ahora que está abierto al público (durante mayo y junio, si no me equivoco). Y aún me falta subir al mirador. Os contaré.
23.4.11
All the wild horses
Llevo desde que empezó la primavera con la perrita de que este tiempo me hace pensar en Francia. Pero sólo tenía que ir al campo para desengañarme. Lo que echaba de menos eran las colinas con pasto y flores, lluvia y sol inesperados... la vida campera.
[Las nubes grises al fondo y la hierba plateada me hace pensar en Escocia]All the wild horses
All the wild horses
Tethered with tears in their eyes
May no man's touch ever tame
May no man's reigns ever chain you
And may no man's weight ever defrayed your soul
And as for the clouds
Just let them roll,
Roll away
[Ray Lamontagne, All the wild horses]
21.4.11
Inventar el ferrocarril


Como buena madrileña lo soy de adopción y me encanta la sierra. En invierno está preciosa por la nieve, los verdes de la primavera la rejuvenecen, en verano es el único refugio en el que se puede sobrevivir la canícula, y los árboles del otoño inspiran una dulce melancolía. Con el tiempo me he hecho más sensible al cambio de las estaciones y de las sensaciones que los meteoros atmosféricos tienen en mi ánimo. Debo estar haciendome mayor, porque la sensación de paso del tiempo arrastra consigo la de pérdida: la pregunta "¿volveré a ver esto de la misma manera algún día" me asalta cada vez con más frecuencia, igual que brotan los recuerdos por un olor o efecto de luz. No deja de ser curioso que las precipitaciones, la dirección del viento y la presión puedan modificar mi estado de ánimo. Pero es uno de los tropos más antiguos de la historia de la literatura, así que no puedo presumir de ser original en esto tampoco.

Pensamiento banal y simplicísimo: ojala pudiera vivir para ver y sentir todo lo que los viajes por el mundo ofrecen. Que no, que no tengo más ganas de trabajar. Que me pueden dar ya los euromillones, no tenemos porque seguir jugando al gato y el ratón.
























