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10.1.14

Luces perdidas

 
Noche en Cristóbal Bordiú, un lunes cualquiera del pasado
 
When I go away from you
The world beats dead
Like a slackened drum.
I call out for you against the jutted stars  
And shout into the ridges of the wind.  
Streets coming fast,
One after the other,
Wedge you away from me,
And the lamps of the city prick my eyes
So that I can no longer see your face.
Why should I leave you,
To wound myself upon the sharp edges of the night?
 
[Amy Lowell (1955) The Taxi]

31.12.13

Carrera hacia el final de la noche



Yo soñaba cada día poder alcanzar la playa
Y ahora está tan cerca, casi ya la puedo oler
Y espero cada vez más próximo al final
Ya puedo sentir tierra seca tras la arena mojada

Y no me da la gana de pensar que nada es para siempre
Si esta canción se acaba que acabe el mundo para todos
Todos somos nada, sin las palabras dime ¿qué nos queda?

Y vuelven algunas rimas a mi mente cansada
Partes de guiones que creía olvidadas
Melodías que una vez pensé que iba a perder
Se tornan ahora bellas y valientes sinfonías

Y hace tiempo que yo ya me fui, yo siempre me estoy yendo
Pero siempre estoy contigo, aunque a veces pienses que no hay nada
Cuando me quedo mirando como si estuviera ausente
Es porque estoy viajando, no pienses que voy a perderme

Sí, ya sé que el mundo seguirá girando cuando ya no quede nada
Y nosotros vaguemos por la historia como simples hombres solitarios
Reyes que perdieron todo, todo lo que tanto amaban por quererlo demasiado

Y lo intento cada día, ser todo lo que había imaginado
Y me encuentro que la vida siempre tiene algo preparado
Que supera cualquiera de mis fantasías
Nada comparado con lo que realmente sucedía

Yo soñaba cada día poder alcanzar la playa...
 
[Xoel López, Tierra]
 
 
Hoy es día de carreras, y sin embargo este año no he podido calzarme las zapatillas: han sido meses tan complicados para algunas cosas... Podría resumirse en que, definitivamente, me he desengañado del trabajo. Cada progreso en la pirámide alimenticia es un retroceso personal, porque tengo menos tiempo para ser yo, menos ganas de seguir avanzando, menos sueños, menos esperanzas de que algo bueno está a la vuelta de la esquina. También me he desengañado de algunas de mis ilusiones personales. De convertirme en un ser con el don de la ubicuidad mental, una mujer con la mente convertida en una laberinto de Escher, en el que la organización de escaleras y corredores desafía la lógica, y los compartimentos estancos son la única forma de asegurar cierta coherencia. Rara vez funciona, la verdad. Y me hago mayor para seguir intentándolo. Me he rendido, en realidad.
 
Este año ha sido también el de las migraciones: la crisis nos ha ido cercando poco a poco a todos de una manera u otra. Conforme se iban cerrando los círculos (de conocidos a amigos, después a familiares) de los que perdían su trabajo, también se ha ido ampliando el número de los que hacían las maletas y dejaban el país al grito de "Good riddance!", ya que tienen la costumbre de emigrar a países anglosajones. A veces me dan ganas también a mí de dejarlo todo. Cada día de trabajo me deja un poco más claro que no vamos a las oficinas a colaborar para conseguir juntos que un proyecto avance. Vamos a plantar nuestros reales, a salirnos con la nuestra (abiertamente o por detrás) y a abrirnos paso a codazos o a patadas. Seguramente es así como debe ser, no lo sé. Al final el mercado es una lucha en la que toca olvidar todas las normas que nos han enseñado de niños. Pero yo estoy harta del clientelismo, el cinismo, la improvisación...

No valgo para esto. Mi parte de incompetencia personal natural (mi aversión al control y sus herramientas, empezando por Excel; mi poca confianza en lo que puedo llegar a hacer; mi dificultad para enfocarme en una cosa sola) se ha juntado con la incompetencia que me genera mi organización: exigencias desajustadas para mi capacidad y en plazos imposibles, aislamiento, falta de un objetivo claro y sobre todo, desconfianza. No sé a dónde vamos, y sobre todo, no creo que los que nos dirigen sean capaces de llevarnos a ningún sitio bueno. En cualquier caso, creo que es muy probable que tampoco cuenten conmigo para toda la travesía - y esto es lo que hace más complicado trabajar. ¿Cómo puedo ir cada día a trabajar y dar ese extra más si no puedo evitar pensar que mi silla ya está en tiempo de descuento?

El trabajo me amarga, aunque ya sé que no es la vida. La vida, como dice Xoel López, siempre nos sorprende con algo. Y a veces estamos de camino hacia ese algo que no vemos y no podemos imaginar, algo que se forma paso a paso (zancada a zancada, porque quiero creer en esta canción con todas mis fuerzas). Hace años que tengo la impresión de estar caminando en una dirección concreta  sin mapa y sin pistas, espero que en 2014 se despeje un poco la niebla. Porque un día más de vacaciones sin poder levantarme de la cama porque estoy torturándome con el infierno que me voy a encontrar en la oficina, y tendré que recurrir a ayuda profesional, farmacológica.
 
Bavaria, alrededor del solsticio de invierno; amanecer y ocaso casi indistinguibles.
 

30.12.13

Catsellers padding the world

Mininas perchas en Kling, c/ Fuencarral 71

Dar vueltas por la ciudad estos días de vacaciones me ha servido para encontrar algunos regalos de Navidad y redescubrir que los gatos venden más y mejor. El número de felinos domésticos no deja de crecer si uno se cree las estadísticas, ya codirigen la galaxia internauta junto con las alegres chicas del porno y cada vez que alguien estampa esos hocicos astutos, esos rasgados ojos de oro en un pijama, monedero o calcetín, a sus pies me tiene con la tarjeta de crédito entre los dientes.

De la sección de literatura en otros idiomas de La Casa del Libro, en Gran Vía 29

¿Manías? Tiene que haber un mecanismo secreto detrás de esto: los de marketing no lo cuentan, pero saben que el impulso de rescatar un gato del escaparate es más fuerte que el afán ahorrador. ¿O sirven simplemente para fijar la atención del espectador con esos ojos magnéticos? Un espectador que es mujer, por los productos en los que suelen ir estampados. A lo mejor las mujeres ya no queremos bebés, sólo queremos a nuestro lado un animal totémico en el que proyectar nuestras fantasías de independencia y sensualidad.


"Fellinium, el gato al que amaban las mujeres" en Sirius, C/ San Vicente Ferrer 26

Mientras escribo estas líneas tengo un gatito negro enroscado en el regazo. Pienso en todas las pequeñas cosas que he visto en tiendas como las de la foto. Si uno pudiera rodearse de amuletos como estos, de colgantes de estrellas minúsculas, cactus de tela, acuarelas de ciervos y zorros... si las pequeñas cosas, los objetos delicados, los fragmentos de poesía o los jerseys de lana gruesa y suave nos protegieran del mundo... Pero no lo hacen. Podemos adornar el nido con talismanes para darnos fuerza, pero eso no cambia el mundo, sólo lo convierte en un calabozo un poco más habitable. Sólo se vence al mundo con indiferencia olímpica, piel gruesa y perseverancia. Haciéndose el gato.

Print de Lady Desidia descubierto en La Intrusa, Corredera Alta de San Pablo 33 


29.12.13

A scrape

El regalo del último día de otoño, un adiós radiante

How like a winter hath my absence been
From thee, the pleasure of the fleeting year!
What freezings have I felt, what dark days seen!
What old December's bareness everywhere!
And yet this time remov'd was summer's time,
The teeming autumn, big with rich increase,
Bearing the wanton burthen of the prime,
Like widow'd wombs after their lords' decease:
Yet this abundant issue seem'd to me
But hope of orphans and unfather'd fruit;
For summer and his pleasures wait on thee,
And thou away, the very birds are mute;
Or if they sing, 'tis with so dull a cheer
That leaves look pale, dreading the winter's near.
 
[William Shakespeare, Sonnet XCVII] 

El resto es hielo


23.12.13

Enters Oakenshield

Richard Armitage clava el personaje. No es lo que dice, son sus gestos, su mirada. Fuente de la foto, aquí.

Hace un par de horas que he salido del cine, y no dejo de preguntarme si al resto del mundo le ocurre como a mí: nada me resulta tan real y tan vivo y tan emocionante, nada me acelera tanto el pulso, ni me hace soñar tanto como una buena película. He visto el The Hobbit II: The desolation of Smaug, y aunque hace unos 25 años que lo leí,y aunque la primera parte de la trilogía me pareció decepcionante, en ésta la acción es continua y la parte que han inventado hasta bonita. Mañana quizás ya no esté deslumbrada, pero hoy he podido dejarme llevar. Porque, ¿qué es una buena película? Para mí, aquella que consigue convertirme en la espectadora que era de niña. Una película que me deja con la boca abierta, que me arrastra al otro lado de la pantalla y me hace reir y llorar con los personajes, enamorarme con ellos, odiar con ellos, luchar con ellos. Que me deja pensando varios días sobre lo que he visto y su relación con mi propia vida. Y he tenido a Escudo de Roble en mente desde que se han encendido las luces de la sala. Quizás le he dado demasiada importancia a estas fantasiosas escapadas mentales, porque pocas veces en la vida real tengo sentimientos como los que me provocan los libros y las películas, y cuando me los permito son tan fuertes que me arrastran a locuras. Y sin embargo, la experiencia siempre sabe a vida pura, y aunque duela, merece la pena ¿Soy una sapiens sapiens normal, o el síndrome Mme Bovary terminará acabando conmigo? No soy Emma, no. Distingo lo que es mi vida de estos pequeños simulacros que llamamos arte.

Ni estoy sola, lo sé. No estoy sola, porque millones de personas van a ver estas mismas películas, y leen estos mismos libros, y llevan 25 siglos yendo al teatro para ver representar esos mismos pequeños dramas que todos acallamos o suprimimos en el día a día para sobrevivir a las miserias del trabajo y de la vida, del incierto destino y nuestra aún más incierta voluntad:

For who would bear the Whips and Scorns of time,
The Oppressor's wrong, the proud man's Contumely,
The pangs of despised Love, the Law’s delay,
The insolence of Office, and the Spurns
That patient merit of the unworthy takes,
When he himself might his Quietus make
With a bare Bodkin [...]


[Hamlet III, 1, versión moderna del First Folio con enmiendas del Second Quarto ]

Y sin embargo, lucho cada vez más contra esta tendencia. ¿Qué sentimientos propios con sus matices me pierdo cada vez que me dejo llevar por lo que siento como espectadora? ¿Qué sentimientos y pensamientos propios dejo de expresar cuando busco referencias para todo en fotogramas, canciones, poemas, citas...? ¿Consigo alguna vez expresar algo propio cuando comienzo cada frase con un "esto es como en [nombre de peli, o libro aquí]? Escribo un poco y hablo otro tanto, casi siempre desde detrás de una máscara, sin profundizar en cuál es mi forma de contarlo, sin detallar mi particularidad, sin ofrecer nada nuevo al mundo (que tal vez no merezca la pena, y seguramente tampoco sea nuevo). No había pensado hasta ahora que a lo peor he pasado toda mi vida encondiéndome de mí misma. Hay una escema en esta película que me da esperanzas: Gandalf le dice a Bilbo que ha cambiado y ya no es el mismo hobbit que dejó la comarca. Y Bilbo está a punto de contarle lo que tiene en el bolsillo, pero dice que sí, que encontró algo en los túneles y es su valor. La historia de Bilbo, ¿es la de una saqueador que se esconde para sacar partido de la situación, o la de un hobitt que saca el valor y las fuerzas de poder hacerse invisible de vez en cuando? Su historia es la de Odiseo, el hombre que da vueltas, que hace trampas, que sabe cuando soltar sedal y cuando tensar la cuerda. Podría ser la mía, si yo consiguiera soltarme los grilletes. Soy consciente, aunque siga prefiriendo otros personajes.

Thorin, de entre todos los héroes. Thorin y Boromir, y desde que tengo 10 años. Los héroes trágicos son incapaces de darse cuenta que se adentran por la senda de su caída hasta que se encuentran braceando y pataleando en el vacío. Son héroes que tratan de seguir sendas que otros han marcado, destinos elegidos por otros, creyendo equivocadamente que los forjan ellos mismos. Personajes que no se preguntan si eso que hacen, o que creen que deben hacer, es realmente lo que ellos quieren hacer. Que no son capaces de escapar a su suerte porque no sacuden la cabeza a tiempo ni se preguntan por qué hacen lo que hacen; porque son incapaces de crecer al salirse de la rueda. Y si algún mérito tienen las versiones de Peter Jackson no son los efectos especiales, es que la parte psicológica de los personajes está muy bien trabajada. Thorin es orgulloso, testarudo, valiente. También es hosco y distante, misterioso: en el fondo de su mirada melancólica, o quizás desolada, hay un destello débil pero perceptible de inseguridad. Thorin oculta un miedo: su alma está barrida por el viento, es un páramo, pero el páramo es al menos terreno de cordura. Es el alma de un hombre que lo ha perdido todo una vez, que ha visto en su familia la locura que causa estar ciego a la propia hubris, que parece estar en constante debate consigo mismo. Ha mantenido la locura a raya con la estrategia del superviviente. Para vencerla tiene que enfrentarse a ella allí donde es mayor el peligro, pero, ¿es recuperar Erebor lo que él necesita? ¿Sólo porque Gandalf vierte en su oído las palabras adecuadas, las que despiertan en él un sentido del deber discutible? ¿Sólo porque un grupo de enanos se refugia bajo su manto y le anima, quién sabe si encendidos por la avaricia más que por la justicia y la razón?

Tolkien no tiene piedad, muestra claramente cómo nos engañamos enrollándonos en hermosas banderas para esconder pasiones mucho más bajas, dominados por malos consejeros, nuestras debilidades, un anillo maligno, o un desequilibrio en nuestro pasado que nada puede compensar. Y sin embargo... no pude evitar el entusiasmo al ver cómo las viejas fraguas de los enanos se inflamaban e iluminaban con su luz dorada las estancias devastadas. Thorin de entre todos está cerca de mi corazón, aunque la piedra del arca sea la piedra de la locura. O porque lo es.

[4 euros y sesión no numerada... todo un viaje al pasado]

7.12.13

Hibernando

[The Black One señala el camino...]
 
Poco a poco vuelvo a tener minutos para mí, pero no consigo recuperar los buenos hábitos deportivos. Llega esta hora, y en lugar de estar deseando ponerme las zapatillas y salir zumbando a la calle abro la ventana con precaución y arrugo la nariz cuando me da el frío en la cara. Ni siquiera me he apuntado a la San Silvestre este año, ni tengo forma ni espíritu para esos diez kilómetros. Anoche salí y aunque me he despertado a la una sigo sin estar al 100%; tampoco me está ayudando a recuperar le espíritu deportista esta maratón de pelis y sillón (aunque LA Confidential y La Isla siempre sean bienvenidas). Resumiendo, me he convertido en yaya.

Uff. No puede ser. Me voy a dar una vuelta. Zapatillas.

15.11.13

"When I hear the whistle blowing..."


El joven Warhol viajando desde Pittsburg a Nueva York con una esperanza...

"...I hang my head and cry". Tengo cierta fijación por los medios de transporte. Mis mejores ideas, mis escasos razonamientos lúcidos, las imágenes más vivas de mi mente suelen surgir en cuanto me recuesto en un asiento y contemplo el paisaje en movimiento a traves de la ventanilla. Viajar es perfecto para alguien como yo, en permanente huida de su futuro, la forma más sencilla de revisitar los mundos imaginarios perdidos. Es escapar, incluso cuando antes de partir ya se sabe que el destino es una trampa con barrotes aún más gruesos que los de la prisión de Folson. Hace solo unas horas he escuchado ese tintinear tan peculiar y urgente del tranvía al llegar a la estación desde las ventanas abiertas de la oficina, y no he podido evitar pensar en Johnny Cash.

Un tren cruza los campos del espacio periurbano cortando la noche con la luz de sus faros. Deja a ambos lados casas que dormitan con los postigos entornados, de contornos redibujados por los conos de luz que emanan de las farolas. Entre los pueblos la oscuridad es casi total, y sólo las luces agrupadas, a lo lejos, permiten distinguir qué es cielo y qué es tierra. "All motion is relative to a chosen frame of reference", sin mover un músculo el viajero devora kilómetros de vía hacia adelante al tiempo que retrocede años de memoria.

¿Cómo he terminado aquí? ¿Qué hago en este tren que me lleva al centro de Oporto? (estoy en la habitación del hotel mientras escribo esto, pero voy a permitirme esa pequeña licencia poética). ¿Qué otros trenes cogí, perdí o dejé pasar? Recuerdo unos cuantos mientras miro las foto que saqué anoche en la estación de San Bento. Recuerdo estar leyendo V for Vendetta camino del aeropuerto de Gatwick y pasar por Battersea Power Station un domingo desolado de mi alma. Cruzar media Alemania para visitar Berlín por primera vez sabiendo que tendría que comer patatas cocidas el resto de enero porque mi ridícula asignación Erasmus del mes estaba ya invertida en el billete y el albergue. Ir y volver en el mismo día desde Budapest a Viena sólo por ver de nuevo la ciudad, y verla nevada. Apearme en la Gare du Nord por primera vez y correr a buscar el fotomatón de Amelie, y al salir a las calles, sentir la bofetada de sol y vida de París. Pero también viajes menores, como las idas y venidas a la universidad, que seguramente tuvieron más trascendencia en mi vida posterior que todo los demás. Pero así es el parásito melancólico que anida en el corazón de todo Erasmus retornado: si te descuidas pasas el resto de tu vida escribiendo versiones de la historia de una ida y una vuelta. Añorando los Puertos Grises sin conocerlos.

Ana Karenina debería haber comprado un billete. Qué más da hacia dónde nos lleven los railes.


25.4.13

San Jorge en la capital - la Noche de los Libros 2013

[Libros, una de las pocas formas de vencer al dragón]
 
Ayer hablé con tres personas que viven en Barcelona y cada una me dio una impresión diferente del día de San Jordi. Para una todo eran sorpresas porque es la primera vez que lo vive allí, y la novedad de recibir rosa y libro en la oficina le pareció muy divertido y fresco. Otro me dijo directamente que era el día que más odia de todo el año, aunque no quiso entrar en detalles. Y un tercero comentó que es su día favorito en la ciudad por la combinación de clima, aroma de rosas y buen rollo. Al parecer la gente se lanza a la calle y no hay quien circule por el centro.
 
Me dio mucha envidia, lo confieso. Intento pensar si tengo un día favorito del año en Madrid y sencillamente no caigo. Me gustan mucho la primavera y el otoño, sobre todo el segundo, porque son dos estaciones breves pero intensas en las que la ciudad parece renacer. O quizás soy yo quien renace. Pero no tengo fechas concretas. Y pocas cosas hay que me gusten más que los libros y las rosas (sólo los gatitos y tomar al sol cañas con limón, patatas fritas y aceitunas). Ayer, en una modesta iniciativa algunos libreros de la capital decidieron sacar sus tenderetes a la Gran Vía y Callao, y copiar directamente esta tradición barcelonesa, así que no me lo pensé mucho y fui a husmear un poco. Quiero un libro, me dije. Ja. Me volví con los cuatro de la foto superior, y porque me obligué a mí misma a dejar otros dos. Hasta ahora he empezado los dos de la derecha, y no puedo estar más contenta. Greenblatt está tan cerca de mi corazón, y comienza este libro con una confesión tan personal y al mismo tiempo tan fácil de comprender y compartir para cualquiera que en algún momento haya querido sumergirse en misterios paleográficos y enigmas literarios... Me devuelve a un mundo que he dado por perdido. En palabras de Iris Murdoch en The Bell (que tengo a medias): 
 
"To revisit without envy the scenes of a surrendered joy, and to taste it ephemerally once more, with a delight undimmed by the knowledge that it is momentary, that is happiness, that surely is freedom" (pag. 155 de mi edición de Vintage de 2004)
 
Lo mejor de esa cita es que Michael, cada vez que llega a una conclusión de ese tipo, hace acto seguido algo que la refuta porque la esperanza de una felicidad pasada es la peor de las tentaciones. Ah, well, just like me. Nada más abrir The Swerve me inundó una melancolía tan densa y aniquiladora... luego volví en mí y se me pasó: el trabajo me quita tiempo para la literatura, pero al menos impide que me vuelva loca. No me ha dejado hacer de la literatura mi vida, y eso, aunque parezca un contrasentido, ha sido bueno para mi vida, porque he tenido que vivir, y no sólo leer. Hablando de vivir, por cierto, Los Capullos no Regalan Flores es bastante más realista de lo que uno podría imaginar, y tan gracioso que he reído hasta llorar al menos un par de veces. Sólo lo he empezado, pero me parece muy bueno y recomendable tanto para mujeres como para hombres.
 
 
[Dos imágenes del curioseo cultureta que tuve ayer en Callao.
La FNAC arriba y el Palacio de la Prensa debajo.]
 


31.3.13

Fantasías de esclavo

[Estatua de Viriato en Zamora. Ensayando para cuando mande a la Troika]

Repaso las fotos que he sacado durante estas vacaciones mientras veo por enésima vez Ben-Hur en la televisión. Y no sé cómo nos dejan seguir viendo este tipo de películas, son bastante más subversivas de lo que parecen a primera vista. No sólo por la ambigua relación Judah-Mesala (lo sabemos Messala,  a ti no te mola la hermana de Charlton Heston, te mola él). También está la fuerza de una hombre humillado y hecho esclavo por un pueblo invasor que oprime al suyo. No sé si en tiempos esta peli fue una fantasía de judíos huidos de Alemania a Hollywood, pero se le puede dar la vuelta tantas veces como se quiera: ¿O no se podría hacer lo mismo con un irakí o un afgano? ¿ Y era Viriato algo diferente? Pero basta de usar a los pobres romanos como ejemplo de todo mal, no hay nada más romano y contradictorio que un occidental. Todos somos tiranos y esclavos. Tanto para el mal como para el bien, es un romano el que le quita todo y otro quien le ayuda a recuperarlo.

Bueno, y Jesucristo, al que siempre está bien tener de tu lado.

La gente del cine puede ser capaz de decir muchas tonterías (tengo particular manía a Javier Bardém, por ejemplo, que imparte lecciones cada vez que puede) pero hay que reconocer que una imagen sigue valiendo más que mil palabras, y algunas series y películas made in USA hacen más por redimir la imagen de Estados Unidos que un secretario de estado. He visto las dos temporadas de Homeland y me han sorprendido en cada capítulo. No hacen una sola concesión a lo políticamente correcto; venga de la Agencia o de los terroristas, no dejan títere con cabeza. Me gustaría mucho saber cómo interpretan la serie en Pakistan o Iran, por ejemplo, si es que les dejan verla. Hablando de Irán, por cierto, anoche vi Argo. Y me gustó bastante. Creo que consigue dar una imagen de la revolución algo distinta de la habitual: no se trata de un hatajo de fanáticos iletrados a los que es fácil engañar. Da la impresión de que los iraníes hacen lo que tiene que hacer, que es pillar a los americanos con las armas que tienen. Pero tampoco se les humilla porque no lo consiguen. Todo es un gran sueño, una película, un elaborado cuent que nos hace cuestionarlo todo. Podemos sentirnos mal cuando unos actores nos abren los ojos, pero esa es su misión.

29.3.13

What the big dogs saw


[Una limosna para una pobre de espíritu estragada por los megaproyectos que emplean  gente brillante, no siendo uno de ellos. Humildad y paciencia, ay.]

Maybe my soul is straight and good,
but she’s got to lug my heart, my blood,
which all hurts because it’s crooked;
its weight sends her staggering.
She has no bed, she has no home,
she merely hangs on my sharp bones,
flapping her terrible wings.

And my hands are completely shot,
shriveled, worn: here, take a look
at how they clammily, clumsily hop
like rain-crazed toads.
As for all the other stuff,
it’s all used up and sad and old—
why doesn’t God haul me out to the muck
and let me drop.

Is it because of my mug
with its frowning mouth?
So often I would itch
to be luminous and free of fog
but nothing would approach
except big dogs.
And the dogs got zilch.

[Rainer Maria Rilke, "Song of the Dwarf"]

26.3.13

Generation X: 10 definiciones imprescindibles

[Por si había dudas]

El otro día estuve hojeando mi copia de Generation X, un libro al que tengo mucho cariño. Tampoco sé explicar por qué, quizás porque cuando lo leí vivía en un barrio lejanamente parecido. O porque tuve que buscar la mitad de las expresiones en mi diccionario Collins, mientras fuera el sol doraba las copas de los tilos justo antes de desaparecer de golpe, casi a fuerza de interruptor. Le tengo cariño y le tengo miedo, porque releyendo trozos me encontré con un glosario de expresiones que entonces (no trabajaba) no tenían apenas sentido, y de repente, en la Europa de la desesperanza, ahora que  por fin nos hemos dado cuenta de que los baby boomers nos han robado el futuro, 22 años después de la primera edición nada menos, cobran sangrante sentido.

Estas son mis diez favoritas:

Boomer envy: envy of material wealth and long-range material security accrued by older members of the baby boom generation by virtue of fortunate births. [Page 26]

Lessness: A philosophy whereby one reconciles oneself with diminishing expectations of material wealth: "I've given up wanting to make a killing or be a bigshot. I just want to find happiness and maybe open up a litle roadside café in Idaho." [Page 60]

Cult of Aloneness: the need for autonomy at all costs, usually at the expense of long-term relationships. Often brought about by overly high expectations of others. [Page 77]

Personal Tabu: A small rule for living, bordering on a superstition, that allowes one to cope with everyday life in the absence of cultural or religious dictums.  [Page 83]

Voter's block: The attempt, however futile, to register dissent with the current political system by simply not voting. [Page 90]

Rebellion Postponement: The tendency in one's youth to avoid traditionally youthful activities and artistic experiences in order to obtain serious career experience. Sometimes results in the mourning for lost youth at about thirty, followed by silly haircuts and expensive joke-inducing wardroves. [Page 121]

Strangelove reproduction: Having children to make up for the fact that one no longer believes in the future. [Page 156]

Underdogging: The tendency to almost invariably side with the underdog in a given situation. The consumer expression of this trait is the purchasing of less succesful, "sad", or failing products. [Page 156]

Option paralysis: The tendency, when given unlimited choices, to make none. [Page 161]

Expatriate Solipsism: When arriving to a foreign travel destination one had hoped was undiscovered, only to find many people just like oneself; the peeved refusal to talk to said people because they hae ruined one's elitist travel fantasy. [Page 200]

[Douglas COUPLAND 2001 Generation X. London: Abacus]

24.3.13

The mouth of a small European cat

[Unos inocentes tulipanes como estos son los que incendiaron la imaginación de Sylvia Plath. No deja de impresionarme cómo los convierte en algo amenazador porque la arrastran a la vida desde el limbo del postoperatorio. "Little smiling hooks" como las sonrisas de su marido e hijos. Y a mí que simplemente me hablaban de primavera...]
 

The tulips are too excitable, it is winter here.
Look how white everything is, how quiet, how snowed-in
I am learning peacefulness, lying by myself quietly
As the light lies on these white walls, this bed, these hands.
I am nobody; I have nothing to do with explosions.
I have given my name and my day-clothes up to the nurses
And my history to the anaesthetist and my body to surgeons.

They have propped my head between the pillow and the sheet-cuff
Like an eye between two white lids that will not shut.
Stupid pupil, it has to take everything in.
The nurses pass and pass, they are no trouble,
They pass the way gulls pass inland in their white caps,
Doing things with their hands, one just the same as another,
So it is impossible to tell how many there are.

My body is a pebble to them, they tend it as water
Tends to the pebbles it must run over, smoothing them gently.
They bring me numbness in their bright needles, they bring me sleep.
Now I have lost myself I am sick of baggage ——
My patent leather overnight case like a black pillbox,
My husband and child smiling out of the family photo;
Their smiles catch onto my skin, little smiling hooks.

I have let things slip, a thirty-year-old cargo boat
Stubbornly hanging on to my name and address.
They have swabbed me clear of my loving associations.
Scared and bare on the green plastic-pillowed trolley
I watched my teaset, my bureaus of linen, my books
Sink out of sight, and the water went over my head.
I am a nun now, I have never been so pure.

I didn't want any flowers, I only wanted
To lie with my hands turned up and be utterly empty.
How free it is, you have no idea how free ——
The peacefulness is so big it dazes you,
And it asks nothing, a name tag, a few trinkets.
It is what the dead close on, finally; I imagine them
Shutting their mouths on it, like a Communion tablet.

The tulips are too red in the first place, they hurt me.
Even through the gift paper I could hear them breathe
Lightly, through their white swaddlings, like an awful baby.
Their redness talks to my wound, it corresponds.
They are subtle: they seem to float, though they weigh me down,
Upsetting me with their sudden tongues and their colour,
A dozen red lead sinkers round my neck.

Nobody watched me before, now I am watched.
The tulips turn to me, and the window behind me
Where once a day the light slowly widens and slowly thins,
And I see myself, flat, ridiculous, a cut-paper shadow
Between the eye of the sun and the eyes of the tulips,
And I have no face, I have wanted to efface myself.
The vivid tulips eat my oxygen.

Before they came the air was calm enough,
Coming and going, breath by breath, without any fuss.
Then the tulips filled it up like a loud noise.
Now the air snags and eddies round them the way a river
Snags and eddies round a sunken rust-red engine.
They concentrate my attention, that was happy
Playing and resting without committing itself.

The walls, also, seem to be warming themselves.
The tulips should be behind bars like dangerous animals;
They are opening like the mouth of some great African cat,
And I am aware of my heart: it opens and closes
Its bowl of red blooms out of sheer love of me.
The water I taste is warm and salty, like the sea,
And comes from a country far away as health.

[Sylvia Plath (1965) "Tulips"]

Si no estrenas algo...


[Domingo de ramos en la calle Alcalá: gente con palmas a la puerta de la iglesia de San José, edificio Metrópolis al fondo] 

 [Uno de mis árboles favoritos de la ciudad, el pino de la Biblioteca Nacional frente al edificio L'Union]

 [Si no estrenas algo te cortan las manos, dice la rima. Éste es mi pañuelo nuevo]

[Y como es primavera mi ciclamen ha decido dar la sorpresa con dos flores y media]
 
Bien. Y si por estas fotos se deduce que ha hecho un día estupendo, sol de primavera sobre las aceras recortado por los edificios, bandadas de pájaros y hasta buen humor, ¿cómo puede ser que justo cuando me estaba calzando las zapatillas para ir a correr un poco haya caído el diluvio universal? Ya llevamos tres meses con esta historia, no hay domingo sin lluvia, menos mal que me pilla medio lesionada. Duelo olímpico, Tláloc conspira contra Nike.

3.3.13

Calçotada, porrón y cuenta nueva

[Esto son los calçots, en una teja caliente y sobre papel de estraza]
 
[Pan tumaca y embutidos catalanes]
 
[Porrón de cava, risas aseguradas]

 [Butifarra, mongetes y conejo al alioli]

Una de las tradiciones más esperadas que tengo con mis amigos ocurre a finales del invierno: con el frío llegan al mercado los calçots, una variedad de cebolla típica de Cataluña, y entre el 15 de febrero y el 15 de marzo vamos a Casa Jorge los once (bebés incluidos) que de momento somos. Lo bueno del menú de este restaurante (con dos sedes en Madrid ya, muestra de su éxito) es que incluye algunas otras delicias de la cocina catalana, como la esqueixada de bacalao, escalivada y los embutidos. Todo esto va regado con un porrón de cava, y finaliza con la crema catalana. Ñam.

Pero ¿qué son los calçots y cómo se comen? Pues son una especie de puerros, aunque mucho más delicados, que hechos a la brasa y pelados (para quitarles las primeras capas, que están quemadas) se deshacen casi en la boca. Una vez despojado de lo que le sobra, hay que mojar el calçot en salsa romesco, y, aquí viene lo bueno, llevárselo a la boca en plan faquir porque por sí solo no se sostiene. Y hasta aquí lo explico, porque encima leo en Wikipedia que la dichosa liliácea que me ocupa tiene propiedades afrodisiacas. Le sigue un plato de carnes a la brasa con unas judías blancas, como se puede ver en la foto.

Afrodisiaco. Me lo creo. No sé si ha sido el vino, los calçots, la conversación sobre 50 Sombras de Grey (que de momento sólo he empezado), pero en un momento dado alguien a mi lado ha tenido problemas con un trozo de butifarra, que ha salido volando de su plato, y nos ha explicado que era tan grande y tan dura que no podía manejarla. Y claro, ya estábamos todos como si fuéramos adolescentes en clase, creíamos que no podíamos reírnos más hasta que otra, para detener el jolgorio, ha dicho con voz muy seria: "bueno, ya basta, que estamos comiendo conejo tranquilamente". Después de eso ya nadie podía beber del porrón sin que el resto coreara "traga, traga, traga" como en una peli de instituto americano. Muy divertido, y muy recomendable (la comida y el sitio, las bromitas van a gusto del consumidor).

Y fuera, en algún lugar del mundo, el Madrid ha ganado al Barça por segunda vez esta semana. ¿Se ha vuelto el mundo del revés de repente? Porrón y cuenta nueva.

24.2.13

Bola de nieve

[Camino de la oficina. ¿Por qué? Era día de chimenea, manta, gato y libro]

Esta semana he estado cuatro días en Alemania por trabajo, y me ha sorprendido volver a encontrarme con la nieve perpetua. Nieve en los andenes, en los tejados, en las ramas de los árboles. Nieve en el pelo mientras arrastraba quince kilos de maleta hacia el hotel. Nieve en el abrigo y la ropa después de hacer un "ángel en la nieve": lanzarte de espaldas sobre una cuneta nevada y agitar los brazos.

Hace poco escribía sobre estos viajes. Nos dejan volar fuera de casa, pero para trabajar en oficinas iguales que las nuestras. No hay diferencia, ni tiempo para aprender nada del lugar. Tenemos la oportunidad de abrir puertas laterales de este pasillo al que llamamos vida, pero sólo nos da tiempo a asomarnos, nada más. Además tiene un precio.

Es lo que hay. Hay que aprovechar todo lo que viene, vivirlo mientras dura y estar preparado para cuando alguien le pegue un tirón a la alfombra bajo nuestros pies.



I'd say you make a perfect angel in the snow
All crushed out on the way you are.
Better stop before it goes too far,
Don't you know that I love you?
Sometimes I feel like only a cold still life
That fell down here to lay beside you.

[Elliott Smith, Angel in the Snow]

15.2.13

Post-Valentine

[Fifty Shades of Grey and a small black shadow]

Ahhhh... del 14 al 16, qué tres días de infierno. Mañana es mi cumpleaños. Muchos años. Demasiados años.

En fin. A hell of one's own...

El caso es que hoy mis compañeros me han sorprendido con un regalito que he aceptado agradecida, pero al mismo tiempo me ha parecido descorazonador. Por un lado me han dado un libro de recetas para cocinar con Thermomix. Muy bien: mis padres me regalaron un Chef-o-matic en Reyes, y reconozco que le he cogido gustillo a eso de hacer platos un poco más sofisticados con la mitad de esfuerzo. Soy una mujer adulta, cocino cuando quiero y me relajo preparando comiditas chic de vez en cuando. Bien.

El segundo regalo me ha dejado sin habla, porque hasta ahora me había librado, pero Fifty Shades of Grey ha caído sobre mí con el peso de una maldición bíblica. Desde el cariño que le profeso a mi jefe y sin embargo compañero, ¿no es demasiado íntimo que me regale en comandita con otros semejante volumen? Personalmente me he sentido un poco incómoda, ¿qué perverso sentido del humor puede llevar a alguien a comprar el sof-porn best-seller de moda para una colega? ¿Qué mensaje se puede extraer, que me ven como una señora de 50 años con una vida sexual llena de carencias que intento compensar con comida? Podían haber añadido la almohada Butterfly Pillow, para cubrir ya todas mis necesidades básicas.

No me atrevo ni a tocarlo, no he leído ni una línea de vuelta a casa en el autobús; todas mis compañeras de trabajo estén leyéndolo ahora y vienen sin dormir, comentando los detalles más jugosos de la vigilia (me las imagino leyendo con linterna bajo el edredón), todas parecen estar de acuerdo en que es un libro increíble y buenísimo. Pero para mí es el colmo del antierotismo y la antiliteratura, una especie de híbrido de Dan Brown y Danielle Steele. Y ahora me lo han endilgado y yo tengo ganas de llorar porque me hace sentir sucia. Y no es mojigatería, es puro esnobismo. Luego lo leeré y me echaré unas risas con todas, pero hoy no. Odio cumplir años y todo lo que me recuerda que las rosas se marchitan me deprime.

Pero no todo va a ser lamentos, también hay carcajadas. En esta línea de pensamiento ayer precisamente leí un artículo con el que no me pude reir más, cargado de verdades que hay que saber desgranar de entre la exageración. Es de Diana Aller, y se llama "Manual de urbanidad para jovencitas: el difícil arte del cortejo heterosexual", lo publicó Playgroundmagazine, una revista online de música que sigo bastante, con motivo del Día de San Valentín. Lo tenéis completo en este enlace, pero voy a dejar esto en lo más alto con una de las frases que más gracia mi hizo (aparte del comentario sobre los heterosexuales con sandalias o el apartado 3, las armas de mujer):

Lo ideal, y lo más divertido, sería sostener en alto un agradable tonteo nocturno (la música y el alcohol casan muy bien con el ligoteo), en el que se acreciente el deseo y se prolongue incluso durante días. Cuando llega el ansiado encuentro amoroso, se paladea como un trofeo honestamente ganado, como un McMenú gigante tras dos meses a dieta. Ay, amigas… Eso es el paraíso.

Y es que en el fondo somos unas románticas.

9.2.13

Turismo a la moderna

[Pues esto es Maia la nuit, de lo más estimulante]

"Vuela a Oporto, lo pasarás bien..." Los viajes de empresa del mundo moderno no son ni inocentes ni placenteros. Digo del mundo moderno, pero no sé si había viajes de empresa en el mundo analógico. Y a decir verdad tampoco me importa mucho. Vamos y venimos, nos conectamos, escribimos un cerro de correos electrónicos, completamos formularios, pasamos controles... ¿pero para qué todo esto? ¿De verdad sirve para algo? ¿Esto es lo que llamamos generar riqueza? Un montón de humo vendido y dinero que cambia de manos, pero ¿qué hemos construido realmente? Así es la vida en los parques empresariales que brotan en la corteza de las grandes ciudades, donde multitud de arañas de todos los tamaño tejen telas que el viento se lleva una y otra vez. Y siempre hay alguien a quien le toca cargar el arma, como a Rachel Weisz en The Bourne Legacy (peli que estoy viendo en este momento).

Hace poco una compañera encontró otro trabajo, y bromeaba sobre trabajar en Gran Vía con Montera (área tradicional de las profesionales en Madrid); casi sin darme cuenta dije "la verdad es que yo siempre he trabajado en polígonos", una frase que ha causado sensación entre mis compañeros. Profesionales de acera, de rotonda o de despacho, son muy pocas las diferencias. No me extraña que a la gente le dé por la jardinería, el bricolaje o la cocina. Sólo trabajar con las manos nos hace sentir limpios y útiles.