5.9.12

Money WAS a by-product


[Sabrina Fairchild riéndose un poco de la seriedad de un consejo de administración a la antigua, con su sombrerito de gato]

En estos momentos de fusión empresarial en los que me circundan correos corporativos que parecen escrito por un ejército de monos pomposos y queda más claro que nunca que ESADE no es más que el acrónimo de Escuela Superior de Arte Dramático y Empresarial (hasta para hacernos el paripé tienen que estudiar los memos del nivel ejecutivo, hay que barrer la porquería de una restructuración durísima bajo el bello y complejo tejido de esa alfombra conceptual llamada "aprovechamiento de sinergias") me hizo mucha gracia escuchar este diálogo en una película de Billy Wilder que sólo tiene 60 años. Nunca había visto Sabrina hasta ayer, y me pareció tan compleja que necesitaría varios post para analizarla en detalle.

En esta conversación entre los dos hermanos y herederos de industrias Larrabee, Linus (Bogart en la película) trata de convencer a David, su hermano menor y bala perdida de la familia ( interpretado por William Holden) de los beneficios que traerían a la empresa y por extensión a toda la sociedad sus boda con la heredera de un imperio comercial afín. Lo más llamativo es que Linus parece creer firmemente en que el fin de toda se actividad es el poder de cambiar las cosas a mejor. Es decir, que el fin no es ganar más dinero, ni generar más bonus, ni que suban la acciones, ni tener contento al consejo de administración, ni comprarse un Aston Martin, ni veranear en Positano. Wilder debía estar ironizando al presentar a Linus como el último representante del capitalismo puritano, seguramente ya entonces estaba en decadencia esa figura, pero es que el contrate con lo que tenemos ahora es tan vivo que el diálogo casi hace sonreir.


David: Mr. Tyson owns the sugar cane, you own the formula for the plastics and I'm offered as a sacrifice on the altar of industrial progress!

Linus: You make it sound as if the son of the hot-dog dynasty had to marry the daughter of the mustard king. Surely you don't object to Elizabeth
because her father has $ million? That's very narrow-minded of you.

David: Just one thing. I haven't proposed and she hasn't accepted.

Linus: Oh, don't worry. I proposed and Mr. Tyson accepted.

David: Did you kiss him?

Linus: Elizabeth is a lovely girl. Sooner or later you'll propose. I'm helping you make up your mind.

David: Then you marry her.

Linus: Me?

David: What's so funny?

Linus: If I got married, I'd have to take a Dictaphone, two secretaries and four corporation counsellors along on the honeymoon. I'd be unfaithful to my wife every night with vice presidents, boards of directors, slide-rule accountants... This... this is my home. No wife would ever understand it.

David: Nor me. You've got all the money in the world.

Linus: Making money isn't the main point of business. Money is a by-product.

David: What's the main objective? Power?

Linus: Ah! That's become a dirty word.

David: What's the urge? You're going into plastics. What will that prove?

Linus: Prove? Nothing much. A new product has been found, something of use to the world. A new industry moves into an undeveloped area. Factories go up, machines go in and you're in business. It's coincidental that people who've never seen a dime now have a dollar and barefooted kids wear shoes and have their faces washed. What's wrong with an urge that gives people libraries, hospitals, baseball diamonds and movies on a Saturday night? […]

David: You make me feel like a heel. If I don't marry her, some kid will run around Puerto Rico barefoot!

Linus: Look at this stuff. Planes and suits will be made of it and you'll probably be able to eat it.vWe're organising Larrabee Plastics. Larrabee Construction has the plans. Larrabee Shipping bought nine more freighters to handle the traffic.

David: The wheels are in motion already?

Linus: That's what I mean.

[Extracto del guión de Sabrina (1955), y editado tomando como base esta transcripción]

27.8.12

Love is like oxygen


["On opening night I have to sleep with the Duke,
and the jealousy will drive you mad", ¿Película?]

And I was hoping
That you had an atlas in your head
So fed up of the same old man
There's broken bedrooms and there are broken hands
You were so fed up of the same old broken man
 
But do you wanna, do you wanna
Do you wanna make love to me?
I know you wanna, I know you wanna
I know you wanna make love to me
 
Oh I came to tell you
That you're my favourite girl
And would you like it if I put you into my world
There's broken hearts in basements
And broken love on the streets
You were so fed up of it all, always involving me
 
But do you wanna, do you wanna
Do you wanna make love to me?
I know you wanna, I know you wanna
I know you wanna make love to me.

[The Kooks, Do you wanna]

24.8.12

Ecce Mono, el eslabón perdido


[No, no es Altamira ni Bélmez. Ocurrió en Borja, amigos, como os lo cuento.
España no se merece una restauración de lo restaurado, que lo dejen como está, por favor]

De verdad, este país es de lo que no hay - y eso que estoy segura de que no estamos sólos en el universo en nuestro bizarrismo (si bien es posible que seamos la vanguardia). Ha bastado con que una pobre señora de 80 años con aspiraciones artísticas y desinteresado deseo de ayudar a conservar una iglesia (que de otro modo se caería a pedazos) para que al salir a luz el resultado nos volvamos locos con Fotoshop. No es la primera vez que nos ocurre, a la mente patria le basta una imagen, un palabra para estirar, manosear, exagerar y parir engendros hiperbólicos sólo por hacer humor. Desde luego yo lloro de la risa cada vez que me acuerdo  o veo una de las variaciones mutantes. No me reía tanto desde que se publicó la foto de las hijas de Zapatero. Es decir, muchísimo tiempo. Y con los tiempos que corren, la carcajada ha sido nacional y explosiva.

Y es que llevamos 2 días enteros cachondeándonos del "Ecce Mono" (otro hallazgo fenomenal) y con las variaciones, repeticiones y permutaciones que las únicas mentes pensantes de este país han lanzado al mundo entero desde facebook y twitter. La cara desvaída de un Cristo ignoto (salido del pincel más ignoto aún de un artista de Borja) ha sido sustitutida por la de Paquirrín, las Pussy Riot, Falete, Homer Simpson o cualquiera que decida customizar un autorretrato. ¿Para qué quieren rescatar el original? Que lo dejen así, que podamos recordar el monigote de vez en cuando, y con él nuestra tríada nefasta: la chapucería, el estrambote y la sensiblería. Supongo que en EEUU habrían detenido a la sra. Cecilia, y sólo habría podido hacer declaraciones tras las rejas con un pijama naranja. Aquí nos conmueve que hable a cámara con su candidez de Steve Urkel ("¿he sido yooo?"), su fingida sorpresa de Sara Montiel ("¿pero qué invento es éste?") y sus explicaciones a medio camino entre Ozores y la socorrista que mezcló clorhídrico con sulfhídrico ("vamos, que la he liao parda").

Sí, señores de la BBC: ustedes han tenido que crear un personaje ficticio que resuma sus miserias y les permita pensar que estas son cosas que pasan en las películas. Nosotros siempre vamos más lejos y lo hacemos realidad. Es imposible que no le venga a uno a la mente los retoquitos que Mr Bean le hace al cuadro de la madre de Whistler.

20.8.12

In my shoes

[Una imagen puede decir muchas cosas equivocadas de nosotros.
Puede decir todo lo contrario de lo que pretendemos]

El viernes tres personas me dieron feedback sin darse cuenta, casi contra su voluntad. Considerando lo mucho que se guarda la gente hoy en día de decir lo que piensa, considero un triunfo arrancar a alguien un comentario honesto, una verdad inesperada, antipática o amable. Y es que sólo es posible llegar a esos íntimos pensamientos si los demás bajan la guardia y se dejan llevar por el entusiasmo, aunque sea un segundo. A mi también me pasa, me he sumergido hasta tal punto en ese estúpido mundo de lo políticamente correcto (una abominación sin la cual, por desgracia es imposible sobrevivir en las empresas) que ya no expreso lo que siento si no es por error. Porque la sinceridad es un error - nadie quiere saber tú opinión, sólo quiere que le devuelvas la suya chorreando almibar, a ser posible.

Así he sabido que mis compañeros sospechan, como yo, que tengo de española el envoltorio. Dos de ellos, hablando sobre mi sentido del humor con un tercero, le advirtieron así: "Uy, ésta es como un inglés. Nunca sabes realmente de qué se está riendo, o si se ríe". Un cuarto, y esto es lo mejor (porque ni siquiera nos conocemos en persona, él trabaja en la oficina de Barcelona) acababa de responder a un mail mío con lo siguiente: "Ya he visto tu correo, qué polite. Suenas como una inglesa educada en un internado francés o suizo". Por último (y esto refuerza eso de mi envoltorio Made in Spain) cuando por la noche llegué a una cita con amigos para tomar unas cervezas, la chica, que llevaba taconazos, me soltó un "Uff, menos mal que traes tacón, estaba temiéndome dejarte muy bajita". Pese a la sorpresa pude responder que siempre llevo tacones, pero aun así no me acompleja nada medir 1,60. Me da realmente igual. Y sin embargo ella estaba dando por hecho que mi físico me resulta un problema - ¿hasta ese punto proyecto inseguridad en lo tocante a mi imagen?

Tres piezas más para el puzzle, estoy un poco más cerca. O más lejos, según se mire.

19.8.12

5. Lanvin en rosa, sin ser Natalie Portman

[Emma y Dexter se reencuentran en una boda en One Day (2011)]

[...]
We look before and after,
And pine for what is not:
Our sincerest laughter
With some pain is fraught;
Our sweetest songs are those that tell of saddest thought.
[...]

[Percy Bysshe Shelley, "To a Skylark"]

12.8.12

Perder - un estilo nacional

 [Faro de Trafalgar desde una de las playas de Caños de Meca, Cádiz]

Cádiz no es sólo playa, o si lo es, es una orilla del tiempo. Desde hace 3000 años vienen desembarcando o naufragando en sus costas civilizaciones que nos han enseñado por la fuerza lo que es perder. Los tiempos de los Fenicios quedan demasiado lejanos como para conocer el alcance de su devastación, pero en el 711 los árabes se plantaron en Tarifa, y la broma de Don Julián nos tuvo entretenidos casi 8 siglos. Aquello que fuéramos como Hispania se perdió, y tratando de recuperarlo los Reyes Católicos nos convirtieron en un país, quizás. Pero el desastre que me ha dejado pensando desde hace unos días, mientras leía Cabo Trafalgar, de Arturo Pérez Reverte, es el que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805 a pocas millas del faro de la foto.  Impresiona pensar que estas mismas playas en las que hoy toman el sol los nudistas se cubrieron de pecios y cadáveres los días posteriores a la batalla.

Pero hablaba de perder. Y es que Nelson, aunque no volvió a tierra para descubrirlo (a él le costó la vida), nos arrancó definitivamente el orgullo de ser una potencia naval, de ser un país independiente, y nos quitó de una tirón la venda de los ojos en lo que a nuestros gobernantes se refiere. Ni por primera ni por última vez nos dimos cuenta de que nuestros dirigentes no tienen ni idea sobre cuál es el camino a seguir. No me extraña que Pérez-Reverte persevere en el tema histórico, es un filonazo ahora que ha dado con la esencia de nuestra cruda realidad. Ha empezado con Alatriste y la decadencia de los Austrias, los Borbones durante la invasión napoleónica le ha inspirado ya dos libros y supongo que va a seguir con la pérdida de Cuba. Y es que a todo es aplicable la situación actual. ¿Cómo se explica si no que estos pasajes, escritos en 2004, suenen históricos y proféticos a un tiempo?:

El estado comatoso en que andan España y su Marina tiene que ver con los grandes intereses de otras naciones, pero también con enjuagues de personajillos de tercer orden, miserales intrigas cortesanas, medros particulares y, sobre todo, la absoluta incapacidad del gobierno puesto en manos de Manolito Godoy (otros tiene a Tayllerand o Metternich y los españoles tiene a Godoy).

[Arturo PÉREZ-REVERTE (2006) Cabo Trafalgar. Madrid: Punto de Lectura. Pag. 48]

Por qué salimos a luchar sin esperanza, es la pregunta. Al matadero tocando el tambor y la gaita. Buenos barcos y oficiales competentes sin tripulaciones a las que mandar, frente a enemigos implacables y entrenados como máquinas, motivados y con una ferrea disciplina: estirpe de marinos y piratas, conscientes de que quien controla el mar domina el mundo. Profesionales despiadados y sin complejos. Por eso las dotaciones inglesas son las mejores del mundo. Y luego está la moral de la tropa. A estas alturas, venteando el desastre que se avecina, hasta el último guardamarina de la tropa combinada sabe que, resguardada en Cádiz como en el 97, la flota aliada podría haber obligado a los ingleses al desgaste de un largo bloqueo; pero que salir ahora en busca de batalla abierta sólo puede acabar en desastre. Salir o no salir, dat is de cuestion: como lo del majareta ese de Chéspir (dijo alguien), pero en versión caspa. A la española.

[Ibid. pag. 70]

Ay que ver lo dramática que me pongo, y todo porque esta vez no nos ha funcionado el talismán del deporte para olvidarnos de las miserias del día a día. España ha perdido las opciones de arrebatarle el oro en la final de baloncesto a EEUU en un último cuarto, después de plantar cara en el segundo y el tercero... Las caras lo decían todo, y eso que la plata es buen resultado. I used to roll the dice, feel the fear in my enemies' eyes...

[Al fondo la trayectoria de un pequeño barco marca la frontera entre mar y el cielo]

10.8.12

"Ha hecho un día bochornoso"

[Josep Pla a los 22 años. Such nice, roguish smile...]

Leo en la entrada del 10 de agosto de 1919 de El Cuaderno Gris unas palabras de Alexandre Plana, recogidas por Plá un día de calor agobiante en Barcelona:

Escribir es difícil. Si no estás dispuesto a hacer un esfuerzo, vale más que lo olvides, dedícate a otro oficio.

8.8.12

"Platja del mar dels cels"

["Light Flooded Sea Green", de Emil Nolde. El título es un verso de Jacint Verdaguer.
Todos mis esfuerzos por describir el mar son ridículos, al lado de los suyos.]

8 de agosto - El mar. Estas olas verdes, azules, blancas, que monótonamente vemos pasar, hacen sobre el espíritu como un trabajo de lima, nos despersonalizan, nos podan el relieve de la propia presencia humana. Uno se queda embobado, fascinado, dominado. De aquí viene, quizá, que la única posición del hombre ante el mar haya sido de simple contemplación. El mar innumerable, siempre cambiante, agota nuestra fantasía. Y cuando sentimos este agotamiento vemos el mar idéntico, monótono, igual. A través del primer momento el mar nos domina  y nos produce placer. A través del segundo nos angustia y nos hace sentir un malestar impreciso, vago. Para romper este juego tendríamos que encontrar la palabra justa y compresiva del mar... pero en cuanto creemos tenerla se nos escapa como si fuese una racha de viento o el caracol voluptuoso y fugaz de una ola.

A última hora de la tarde, el viento era de tierra y las olas que se formaban a ras de playa se lanzaban mar adentro iniciando una galopada. En el rompiente, el mar era de un color de sembrado primerizo. El viento se volcaba sobre el agua a rachas que producían curvas graciosamente errantes que se oscurecían y aclaraban de una manera alterna. Era un rápido trémolo líquido, como  un escalofrío. El horizonte era larguísimo y con profundidad. Sobre la raya corría una nube oscura, como una franja. Entre esa barra y el horizonte había una vaga claridad amarillenta, un color de rosa seca pulverizada. En este mar lejano había un galope de olas que se perseguían tumultuosas; las espumas mordisqueaban el horizonte; a menudo, una ola emergía un momento sobre las otras, como el dorso de un cetáceo. A poniente, humeaban ascuas. Impresión de soledad acentuada por el silencio del mar - por el desplazamiento del ruido al horizonte lejano-. Al oscurecer, este silencio del agua  al filo de la playa os sobrecoge como si os encontráseis en un ambiente de misterio.

[Josep PLA 1999 El Cuaderno Gris. Madrid: El Mundo Unidad Editorial. Pg. 128]

6.8.12

Kanagawa oki nami ura

[Playa de El Palmar, Cádiz, por la mañana y sin el odioso Levante]

El don de la ubicuidad se echa a veces de menos. Porque si lo tuviera, en lugar de subir una insulsa foto en la que un mar en calma se funde casi con el cielo, colgaría una foto de mí misma, traje de neopreno corto y negro, esperando la ola perfecta de espaldas y a contraluz. No es fácil ser observador y objeto al mismo tiempo. Pero de vez en cuando hay que elegir dónde se está: al margen con una cámara, o en el centro de la vida real, tiritando.

Este año he usado la semana de vacaciones (he tenido dos, pero la que he pasado en familia no cuenta porque me ha exigido más energía mental de la habitual, así que relax cero) para hacer cosas nuevas, y no para sacar fotos, leer o escribir lo que me gustaría estar haciendo. O al menos lo he intentado, porque no he conseguido hacer el popup (usar la fuerza de la ola para saltar sobre la tabla y surfear de verdad). Los pasos que había aprendido de mi monitor estaban claros en mi cabeza, pero la ansiedad de querer hacerlo todo y bien a la primera, o mi misma viejunez no me han dejado pasar del body surf esta vez. No importa. He encontrado otro deporte al que podría aficionarme y dedicar horas.

Pocos entornos me gustan más que el mar, pocos permiten sumergirse en el paisaje en todos los sentidos. Perderse en todos los tonos de azul, verde, blanco y gris imaginables, luchar contra sus corrientes o abandonarse al blando mecer de las olas, dejar que la brisa salada entre suavemente en los pulmones o que nos abofetee furiosa la tormenta. Tiene un ritmo al que es posible ajustar el movimiento cuando uno navega, nada, o simplemente espera la siguiente ola sentado sobre un pedazo ahusado de poliuretano.

Casi nada puede sustituir esa experiencia, muy pocas imágenes consiguen capturarla. Aunque he encontrado una de Melanie McDonald que se acerca bastante. Se llama Surfers, Fistral Beach, Newquay.

5.8.12

Great expectations

[Parece que el paraíso no es tan difícil de encontrar... Si acertamos el momento]

When she was just a girl
She expected the world
But it flew away from her reach
So she ran away in her sleep
Dreamed of paradise
Every time she closed her eyes

When she was just a girl
She expected the world
But it flew away from her reach
And the bullets catch in her teeth

Life goes on, it gets so heavy
The wheel breaks the butterfly
Every tear, a waterfall
In the night, the stormy night
She closed her eyes
In the night, the stormy night
Away she'd fly.
And dreamed of paradise.

So lying underneath those stormy skies
She said -Oh, I know the sun must set to rise.
This could be paradise.

[Coldplay, Paradise]

Insondables Mystères


[Una de las ilustraciones que el autor ha hecho sobre Nueva York]

Los dibujos de Sempé me han fascinado desde pequeña. Mi padre nos regaló en algún momento uno de los libritos de El Pequeño Nicolás de Alfaguara (y dónde estarán ahora?, mi madre es muy capaz de haberlos tirado o regalado), y ese trazo garrapateado de Sempé, de líneas algo abiertas, en el que los rostros se reducen casi a la mínima expresión, pero dan una expresión característica a cada personaje, es lo que tengo asociado a ser niño en Francia - y tiene gracia, porque Nicolás era niño en los 50, por lo que está más cercano a mis padres que a mí. Aún así nos han hecho reír y llorar. Al menos a mí, que era de lágrima fácil hasta que empecé a trabajar y se me quitaron muchas tonterías.

Lo que no he descubierto hasta ahora, o no recordaba, es que también ha dibujado gatos, y nada menos que pequeños felinos negros que observan la vida desde las ventanas. Uno entra en la habitación y de pronto se encuentra con esas siluetas aterciopeladas recortadas contra el cristal, pero qué pasa por esas cabecitas de orejas picudas, nadie lo sabe. Al oírte entrar se vuelven con rapidez, como si los hubieras pillado in fraganti mientras maquinaban la perdición de la humanidad, o si filosofaran sobre lo estúpido de nuestra condición. Insondables misterios los que guardan los tigres pequeños y grandes para sí. Tratar con ellos es, a veces, sentir que la casualidad nos ha juntado en el planeta con una raza superior que no nos ha esclavizado (más) por pura falta de interés.

[Y lejos de la Gran Manzana, otro minino contempla la lluvia un domingo por la tarde]

23.7.12

"And now I know how Joan of Arc felt..."

[Bigmouth strikes again: a Dios pongo por testigo de que me alzaré sobre una tabla de surf.
Ingrid Bergman en la película de 1948 de Victor Fleming, victoriosa a su manera.]

"Yes, I suppose you could. And you'd wind up regretting it every day for the rest of your life. Don't go there, Joyce. Try to roll with the punches. Keep your chin up. Don't take any wooden nickels. Vote Democrat in every election. Ride your bike in the park. Dream about my perfect, golden body. Take your vitamins. Drink eight glasses of water a day. Pull for the Mets. Watch a lot of movies. Don't work too hard at your job. Take a trip to Paris with me. Come to the hospital when Rachel has her baby and hold my grandchild in your arms. Brush your teeth after every meal. Don't cross the street on a red light. Defend the little guy. Stick up for yourself. Remember how beautiful you are. Remember how much I love you. Drink one Scotch on the rocks every day. Breathe deeply. Keep your eyes open. Stay away from fatty foods. Sleep the sleep of the just. Remember how much I love you".

[Paul AUSTER (2011) The Brooklyn Follies. London: Faber and Faber. Pg. 293]

Consejos prácticos para heroínas anónimas en NYC. Stick up for yourself.

22.7.12

Auster por vacaciones

 [Aquí he leído en tres días The Brooklyn Follies, entre risas, lágrimas y largos sueños]

After that inadvertent slip of tongue, I finally hit upon an idea that Rachel would have approve of. It wasn't much of an idea, perhaps, but at least it was something, and if I stuck to it as rigorously and faithfully as I intended to, then I would have my project, the little hobbyhorse I'd been looking for to carry me away from the indolence of my soporific routine. Humble as the project was, I decided to give it a grandiose, somewhat pompous title - in order to delude myself into thinking that I was engaged in important work. I called it The Book of Human Folly, and in it I was planning to set down in the simplest, clearest language possible an account of every blunder, every pratfall, every embarrassment, every idiocy, every foible, and every inane act I had committed during my long and checkered career as a man. When I couldn't think of stories to tell about myself, I would write down things that had happened to people I knew, and when that source ran dry as well, I would take on historical events, recording the follies of my fellow beings down through the ages, beginning with the vanished civilizations of the ancient world and pushing on to the first months of the twenty-first century. If nothing else, I thought it might be good for a few laughs. I had no desire to bare my soul or indulge in gloomy introspection.The tone would be light and farcical throughout, and my only purpose was to keep myself entertained while using up as many hours of the day as I could.

[Paul AUSTER (2011) The Brooklyn Follies. London: Faber and faber. Pg. 5]

Siempre me sorprende descubrir que las mismas ideas pueden surgir en varios sitios más o menos a la vez, brotando como esporas diseminadas a lo largo y ancho del mundo. Por suerte no había empezado a trabajar en mi obra soñada, a la que ya había puesto incluso título (yo soy mucho más pomposa que Nathan Glass, y pensaba llamarla An Encyclopedia of Human Idiocy). El libro, una vez escrito, habría sido un monumento a mí misma, the walking, portable version. En fin, estoy muy contenta de que Auster se haya adelantado en esta ocasión, porque el suyo es un libro fácil y agradable de leer, que me ha hecho pensar en Dickens, curiosamente. No es que sea una novela ligera, porque como casi todo lo que he leído de este escritor me ha hecho plantearme mi situación en el mundo; cuando escribo fácil y agradable es en comparación con The Book of Illusions, que me costó mucho por su densidad (los primeros capítulos, con sus detalles sobre películas mudas se hacen cuesta arriba) y su complejidad emocional.

Todo, o casi todo sale bien gracias a la pequeña comunidad que tío y sobrino logran reunir a su alrededor: con dinero y buena voluntad parece posible escapar de casi cualquier atolladero. Como Samuel Weller y Pickwick en sus incursiones campestres, que a su vez son una versión anglo de Don Quijote y Sancho, Tom y Nathan se embarcan en la misión de construir un mundo ideal, el Hotel Existence, una especie de comuna para refugiados de la cultura norteamericana en la estela del experimento que Thoreau ya había llevado a cabo en en Walden (y otros escritores existencialistas del XIX habían ensayado en Concord). Nathan es un viejo judío cargado de humor e ingenio, que casi suena en la cabeza como un alter ego de Woody Allen en sus aventuras neoyorkinas. A lo mejor es que los europeos somos muy fatalistas, pero estos personajes americanos parecen ser capaces de reinventarse con chasquear los dedos simplemente, hacen que enmendar las carreras, los corazones y las haciendas parezcan tareas sencillas. Ya habíamos visto algo así en Smoke (1995).

O será que todo es posible en Nueva York, una ciudad en la que mundo se ordena justo antes de desordenarse de nuevo de manera brutal al final de la novela (y no lo vi venir, por lo que he disfrutado aún más el desenlace, por más que deje un sabor agridulce en los labios). Ese mismo poso de incertidumbre me trajo imágenes de finales dickensianos, en los que de manera casi abrupta el escritor nos enfrenta a etapas completamente nuevas en las que ya no vamos a acompañar a estos personajes: su desarrollo sólo podemos adivinarlo, imaginarlo por lo que ya hemos vivido con ellos. Así ocurre en A Tale of Two Cities, o Great Expectations, donde nada se cierra de manera definitiva happily ever after y los nuevos tiempos traen nuevos retos. Nosotros ya no estaremos con Glass y Wood para vivirlos, son libres para seguir su camino con sus propios recursos, sin la tutela del lector.

16.7.12

The Saddest Story

[August 1914, ilustración sobre el libro de Philip Bannister]

I have come to be very much of a cynic in these matters; I mean that it is impossible to believe in the permanence of man's or woman's love. Or, at any rate, it is impossible to believe in the permanence of any early passion. As I see it, at least, with regards to man, a love affair, a love for any definite woman - is something in the nature of a widening of the experience. With each new woman that a man is attracted to there appears to come a broadening of the outlook, or, if you like, an acquiring of new territory. A turn of the eyebrow, a tone of the voice, a queer characteristic gesture - all these things, and it is these things that cause to arise the passion of love - all these things are like so many objects on the horizon of the landscape that tempt a man to walk beyond the horizon, to explore. He wants to get, as it were, behind those eyebrows with the peculiar turn, as if he desired to see the world with the eyes that they overshadow. He wants to hear that voice applying itself to every possible proposition, to every possible topic; he wants to see those characteristic gestures against every possible background. Of the question of the sex-instinct I know very little and I do not think that it counts for very much in a really great passion. It can be aroused by such nothings -by an untied shoe-lace, by a glance of the eye in passing - that I think it might be left out of the calculation. I don't mean to say that any great passion can exist without a desire for consummation. That seems to me to be a commonplace and to be therefore a matter needing no comment at all. It is a thing, with all its accidents, that must be taken for granted, as, in a novel, or a biography, you take it for granted that the characters have their meals with some regularity. But the real fierceness of desire, the real heat of a passion long continued and withering up the soul of a man is the craving for identity with the woman that he loves. He desires to see with the same eyes, to touch with the same sense of touch, to hear with the same ears, to lose his identity, to be enveloped, to be supported. For whatever may be said of the relation of the sexes, there is no man who loves a woman that does not desire to come for her for the renewal of his courage, for the cutting asunder of his difficulties. And that will be the mainspring of his desire for her. We are all so afraid, we are all so alone, we all so need from the outside the assurance of our own worthiness to exist.

So, for a time, if such a passion come to fruition, the man will get what he wants. He will get the moral support, the encouragement, the relief from the sense of lonelinesss, the assurance of his own worth. But these things pass across sundials. It is sad, but it is so. The pages of the book will become familar; the beautiful corner of the road will have been turned too many times. Well, this is the saddest story. And yet I do believe that for every man there comes at last a woman - or no, that is the wrong way of formulating it. For every man there comes at last a time of life when the woman who then sets her seal upon his imagination has set her seal for good. He will travel over no horizons; he will never again set the knapsack over his shoulders; he will retire from those scenes. He will have gone out of the business.

[Ford Madox FORD (1946) The Good Soldier. London: Penguin. Pgs. 108-109]

13.7.12

La mala suerte, la mala fecha

[Steve McQueen y Natalie Wood en Love with the Proper Stranger (1963)]

Miles de recuerdos envuelven tu pelo hoy
Miles de recuerdos envuelven tu pelo hoy
El sueño hoy de nuevo vuelve a brillar
Y todo es por ti
El astro de la noche me mira y me aleja de ti

Miles de recuerdos envuelven tu pelo hoy
Miles de recuerdos envuelven tu pelo hoy
Dejo atrás las sombras y salgo a la luz
Descúbreme
Cruzando por las puertas que pintaste en la pared

Abre tus brazos bien
Si las hojas que yo pueda arrancar
Abre tus brazos bien
Déjame esconderme ahí
Fulmíname y no me muevas de ti

Miles de recuerdos...

[Sidonie, Miles]

12.7.12

Una temblorosa hoja



[Foto del monumento a Pushkin en Tsarkoe Selo, San Petersburgo.
Me cuesta no confundirlo con mi otra voz, con la dormida]

I've lived to bury my desires
and see my dreams corrode with rust
now all that's left are fruitless fires
that burn my empty heart to dust.

Struck by the clouds of cruel fate
My crown of Summer bloom is sere
Alone and sad, I watch and wait
And wonder if the end is near.

As conquered by the last cold air
When Winter whistles in the wind
Alone upon a branch that's bare
A trembling leaf is left behind.

[Alexander Pushkin, cita de la que no encuentro el origen]

11.7.12

Cuando falla la mente - beware, sarcastic mode on

[Esta cronista en la cuerda floja. San Fermín, patrón de la adrenalina]

Cuando falla la mente a veces nos queda el cuerpo. No es sólo el agotamiento previo a las vacaciones (ni sé las veces que he dicho "qué harta estoy" en las últimas semanas) lo que está pudiendo conmigo ahora que apenas quedan unos días para largarme a Cádiz. Es que mi cabeza ya no puede tirar más. Quizás debería dejar de comprobar hasta 10 veces al día el estado de la prima de riesgo, de indignarme cuando me oprimen los círculos viciosos endémicos de este país. La culpa la tiene el estado de incertidumbre de mi trabajo, o el estado de incertidumbre de mi ser, su esencial incapacidad para centrarse en un estado: que alguien desintegre la partícula radiactiva y libere el veneno del matraz para este gato indeciso. Total, mi vida es el ejemplo perfecto de lo contingente.

En fin, falla la mente, claro queda. Y de pronto dos tonterías, dos puras casualidades, dos momento de viñeta de esos que ilustran mi surrealista devenir me recuerdan que oculto en algún lugar de los pliegues neuronales hay un resquicio de cerebro reptiliano (o dios sabe que otra traza de estadios anteriores al sapiens sapiens) que se resiste a abandonar la batalla. La primera vez que se activó la semana pasada ocurrió en el gimnasio, y no vivía algo tan sumamente placentero desde que aquel arcángel bajo la apariencia de un gafapástico dependiente de La Casa del Libro me pidió el carnet joven. Estábamos preparando la clase de Pilates y mientras el profesor se cambiaba yo le dejé en su sitio una de esas pelotas gigantes que usamos para los ejercicios. En ese momento se me acerco una chiquita joven y me dijo nada menos que esto: " Hola, soy nueva en la clase, ¿eres la profesora?". Oye, algo vería ella en mi persona que le inspirara semejante sospecha. Tuve que decir que no, pero también fue de rigor decir gracias. Y contarlo al día siguiente en el trabajo, oh pírrica victoria.

El segundo momento ocurrió este sábado en Cercedilla: organicé día serrano con mis amigos, y la primera parte del día la pasamos en Amazonia, un parque multiaventura que hay en la zona de las Dehesas. Tres horas pasamos cruzando puentes de cable y travesaños, lanzándonos en tirolina, trepando por paredes... La foto es un ejemplo de cómo este mono araña de pacotilla que suscribe estuvo jugando al último superviviente. Pero el momento cumbre, la culminación de una mañana de adrenalina y endorfinas fue el último juego. Dos caminos divergían en el bosque: la vía rápida y sencilla era terminar lanzándote en tirolina, la difícil engancharse a una liana al estilo Tarzán (George de la Jungla en mi caso). Ya estaba preparando mi polea para irme por la primera cuando uno de los monitores me gritó desde el suelo "No hombre nooo, si ya has llegado hasta aquí usa la liana, que tú puedes". Y yo, que sería un gran vasallo si tuviera un buen señor, que soy muy bien mandada y como Marty McFly me ciego en cuanto me llaman gallina, en la liana me enganché (con ayuda, porque mi 1,60 raspado no da para más). Miedos todos, antes de saltar. Pero una vez hecho, y agarrada a la red que frenaba el golpe, me sentí en lo más alto del mundo, capaz de hacer todo lo que me proponga, invencible. Or rather, mi cuerpo se sentía así. Mi mente renunció hace mucho tiempo, esperemos que las piernas tengan fuerzas para avanzar un poco más.

4.7.12

Españoles por Europa

[Una foto que dice muchas cosas, tomada de El Mundo]

He estado buscando entre todas las instantáneas que se han publicado en los últimos días alguna que refleje cómo me hace sentir esta victoria, y ninguna lo consigue del todo. Estoy muy contenta, y me alegro mucho de que estos chicos hayan logrado un record histórico, un hito en sus carreras. Pero al mismo tiempo, durante todo el campeonato me he estado preguntando si tenía mucho sentido estar jugando contra países que están en una situación similar a la nuestra en las canchas económicas, o peor aún, jugar contra los que eventualmente tendrán que rescatarnos si vienen mal dadas. Es irónico reflexionar sobre cómo nos dejamos llevar por el entusiasmo cuando la selección gana, hasta el punto de creemos que vencer a Irlanda, Portugal e Italia nos coloca en un estatus superior en el foodchain de los PIGS, y le demuestra algo a la Alemania de Merkel. Aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento - ganar la Eurocopa no es vencer la resistencia de Angela a los eurobonos, ella sigue sin ser el problema. El problema lo tenemos nosotros por las dinámicas que hemos creado y perpetuado, y nosotros lo tendremos que resolver. Hay un artículo de Orwel llamado "The Sporting Spirit" (texto clásico para los que hemos estudiado inglés en la escuela oficial de idiomas, y que podéis encontrar entero en este enlace) que ilustra el lado oscuro de la competición, de ser hincha. Denuncia ese hobbie tan español de ver los toros desde la barrera y jugar a seleccionador:

[...] Nearly all the sports practised nowadays are competitive. You play to win, and the game has little meaning unless you do your utmost to win. On the village green, where you pick up sides and no feeling of local patriotism is involved. it is possible to play simply for the fun and exercise: but as soon as the question of prestige arises, as soon as you feel that you and some larger unit will be disgraced if you lose, the most savage combative instincts are aroused. Anyone who has played even in a school football match knows this. At the international level sport is frankly mimic warfare. But the significant thing is not the behaviour of the players but the attitude of the spectators: and, behind the spectators, of the nations who work themselves into furies over these absurd contests, and seriously believe — at any rate for short periods — that running, jumping and kicking a ball are tests of national virtue.[...]

Y sin embargo, ¿es todo negativo? ¿Hay que renunciar a jugar? ¿Hay que pedir perdón por ganar? ¿No es posible sacar nada positivo de un evento que nos ha unido a todos frente al televisor, ha lubricado miles de relaciones profesionales a través de simples conversaciones de oficina y ha desviado nuestras mentes, siquiera por un momento, de la espiral descendente de las bolsas y una prima de riesgo que tiende a infinito? Pues probablemente sí, si no nos quedamos en la superficie. Al final lo que ha ocurrido, y es el pensamiento que a mí me consuela, no es que el novio de Sara Carbonero y sus alegres muchachos nos hayan brindado una nueva oportunidad de jarana ahora que llega el verano y campan ociosos los estudiantes. Lo que ha ocurrido es que un grupo de profesionales de los suyo, cada uno desde su propio equipo, con su propia idiosincrasia, con una función diferente y al mismo tiempo con ambiciones que no siempre tienen por qué casar con las de sus compañeros, ha conseguido armonizar su trabajo y sacar adelante un proyecto con soluciones propias que funcionan. No lo han hecho solos, Vicente del Bosque hace que la amalgama informe se convierta en un material superconductor y eficiente. Mucha gente rechaza comparar los equipos con empresas con la excusa de que los equipos se construyen sobre la emoción, pero es que también las empresas se construyen sobre sueños, esperanzas e ilusiones. También las construyen las personas.

¿Qué tiene esta foto de especial? Es una imagen atemporal, ánfora griega, tapiz medieval o monumento decimonónico, el adalid presenta los símbolos de la vistoria a la autoridad moral de la nación. Pero el rey ya no es lo que era, y en sus discursos no es capaz de pedir a los ciudadanos lo que requiere la ocasión: que cada uno analicemos en nuestro fuero interno cómo podemos desarrollarnos en nuestro campo para llegar a la excelencia, que trabajemos juntos para conseguir el avance de todos. ¿Qué puede pedir el mismo hombre que se rompió la cadera cazando elefantes (y no entro en detalles de la aventura por no cargar las tintas)? ¿Puede pedir a los jóvenes en paro que tengan como modelo a los futbolistas? ¿Puede insuflar a la nación un espíritu de unidad en la tribulación, de trabajo y lucha contra la adversidad? ¿Conserva don Juan Carlos alguna reserva de dignidad para conseguir sublimar los sentimientos? Ya no estoy segura. Y los problemas de la próxima década ya salen en la foto, no se pueden esconder más. Xavi Hernández, con la cabeza vuelta, mirando en dirección contraria a Casillas y el Rey, me hace pensar que estamos en los últimos momentos de unidad que vamos a conocer como España.

Siempre positiva, yo, ¿eh?

24.6.12

Lady Panther

[Inocente como el gatito que se comió al canario, ¿quién sabe qué secretos esconde Audrey?]

It sometimes happens
that the woman you meet and fall in love with
is of that strange Transylvanian people
with an affinity for cats.

You take her to a restaurant, say, or a show,
on an ordinary date, being attracted
by the glitter in her slitty eyes and her catlike walk,
and afterward of course you take her in your arms,
and she turns into a black panther
and bites you to death.

Or perhaps you are saved in the nick of time,
and she is tormented by the knowledge of her tendency:
that she daren't hug a man
unless she wants to risk clawing him up.

This puts you both in a difficult position,
panting lovers who are prevented from touching
not by bars but by circumstance:
you have terrible fights and say cruel things,
for having the hots does not give you a sweet temper.

One night you are walking down a dark street
and hear the padpad of a panther following you,
but when you turn around there are only shadows,
or perhaps one shadow too many

You approach, calling, "Who's there?"
and it leaps on you.
Luckily you have brought along your sword,
and you stab it to death.

And before your eyes it turns into the woman you love,
her breast impaled on your sword,
her mouth dribbling blood saying she loved you
but couldn't help her tendency.

So death released her from the curse at last,
and you knew from the angelic smile on her dead face
that in spite of a life the devil owned,
love had won, and heaven pardoned her.

23.6.12

Don't cheat with writing


[Hubo un tiempo en el que la gente escribía lo que verdaderamente pensaba y sentía en las cartas.
La foto la he encontrado en este enlace]

For Christ sake write and don't worry about what the boys will say nor whether it will be a masterpiece nor what. I write one page of masterpiece to ninety one pages of shit. I try to put the shit in the wastebasket. You feel you have to publish crap to make money to live and let live. All write but if you write enough and as well as you can there will be the same amount of masterpiece material (as we say at Yale). You can't think well enough to sit down and write a deliberate masterpiece and if you could get rid of Seldes and those guys that nearly ruined you and turn them out as well as you can and let the spectators yell when it is good and hoot when it is not you would be all right.

Forget your personal tragedy. We are all bitched from the start and you especially have to hurt like hell before you can write seriously. But when you get the damned hurt use it—don't cheat with it. Be as faithful to it as a scientist—but don't think anything is of any importance because it happens to you or anyone belonging to you.


[La carta completa en este enlace. Es la respuesta que Ernest Hemingway envió el 28 de mayo de 1934 a F. Scott Fitzgerald después de leer Tender is the Night ]

[Tom Hiddlestone no puede parecerse más a Fitzgerald en Midnight in Paris (2011), es impresionante]

20.6.12

Barbarians at the gates

[Los Cubos de la Memoria de Ibarrola en Llanes.
Defenderse de los mercados es como levantar escolleras contra un tsunami] 

Mi jefe, que es germano-luso, tiene la curiosa costumbre de aferrarse a lo que más le conviene de cada mundo, y hoy nos ha enviado este correo (ver debajo) como si eso de los rescates no fuera con él. Lo que no esperaba era que le devolviéramos el boomerang con respuestas cargadas de good old Spanish cynicism. En concreto yo veo dos soluciones geográficamente viables para evitar el rescate:

a) Considerando cómo se pone Mallorca en verano, Rajoy ya está tardando en declarar que "Spain is Germany". Seamos un Land más y resolvamos el problema de los bonos.

b) Hay que ser pragmáticos, eso de "Gibraltar español" está anticuado. Nos sale más a cuenta cambiarlo por "España gibraltareña", y que los hijos de la Gran Bretaña carguen con el agujero de Bankia.

Una cosa está clara: nuestro gobierno no sabe por dónde le viene los problemas. Y es obvio que el 90% de los economistas del país tampoco. O no se atreven a decirlo.

15.6.12

You say bail out, I say Thermopilae

[[Me ha parecido muy apropiada para esta semana en la que España se acerca al abismo poco a poco. Extraña sensación la de sentir cómo los tiburones van cerrando el círculo. Wake up Angela!]

Don't come back anytime I've already had your kind.
This is your pay back, money grabber.
Don't come back anytime, you've already run me dry.
This is your pay back, money grabber.

Teardrops fade.
Then I saw, blue hands in the pocket.
'Cause you were always made to want it all.
But now you got to make it on your own.
This ain't your home, so I'm showing you the door.
Wave goodbye now, it's time for you to go.

Don't comeback anytime, I've already had your kind.
This is you pay back, money grabber.
Don't come back anytime, you've already robbed me blind.
This is your pay back, money grabber.

Blue rhinestone glass.
All I see. You talking double.
Like the time you set fire to me.
'Cause I'm in trouble.
Here's my advice.
I don't think twice for the price of a cheap time whore .

Don't comeback anytime, I've already had your kind.
This is you pay back, money grabber.
Don't come back anytime, you've already robbed me blind.
this is your pay back, money grabber.

One. Two. Three.
One is for the money.
Two is for the greed .
And three times that I told you you're the one,
I just don't need .

Don't comeback anytime, I've already had your kind.
This is you pay back, money grabber.
Don't come back anytime, you've already robbed me blind.
This is your pay back, money grabber.

Money grabber.
Money grabber
Don't come back anytime, I've already had your kind.



[Fitz and The Tantrums, Money Grabber]

8.6.12

Amazon Kindle es más sutil que el fuego

[Detrás de cada gran hombre siempre hay un pequeño gato]

Alguien me dijo ayer que Ray Bradbury había muerto, y sin pensarlo demasiado pregunté "Ah, ¿pero seguía vivo?". Ni se me había ocurrido que pudiera seguir escribiendo siquiera, y es que Fahrenheit 451 se publicó en 1953: la generación de mis padres (que no lo leería seguramente hasta décadas después) lo convirtió en un clásico. No pasó por mi vida hasta hace apenas 5 años, pero la escena del encuentro entre Clarice y Guy me dejó pasmada, conmovida. Y recuperaría el fragmento para esta entrada, pero aquella copia de Penguin ya no está en mis manos. Un verdadero creyente podría citar las palabras de memoria para que no se perdieran, yo no. Ya no. He perdido el libro, la memoria y hasta la oportunidad - un arrebato melancólico sin importancia, éste. Mayo ha sido un mes de meditación sobre el arte y la voluntad, como se verá en otras entradas. Nos pierde haber sido tocados alguna vez por la mano mágica del poema de Becquer. Silenciosos y cubiertos de polvo, algunos esperamos sentir de nuevo su tacto infeccioso:

So it was the hand that started it all. He felt one hand and then the other work his coat free and let it slump to the floor. He held his pants out into an abyss and let them fall into darkness. His hands had been infected, and soon it would be his arms. He could feel the poison working up his wrists and into his elbows and his shoulders and then the jumpover from shoulder blade to shoulder blade like a spark leaping a gap. His hands were ravenous. And his eyes were beginning to feel hunger as if they must look at something anything and everything.

[Ray Bradbury, Fahrenheit 451. La cita es de Wikipedia]